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miércoles, 25 de febrero de 2026

HISTORIA DE LA POLICÍA DE LA CIUDAD DE MÉXICO

ENTRE EL ORDEN Y EL CAOS

Historia de la Policía de la Ciudad de México

Carlos Pérez Ricart y

Daniel Herrera Rangel

Editor Siglo XXI

Primera edición 2025

 

LIBRO RECOMENDADO

“La policía no es solo una institución del orden, sino una institución del poder”

La Ciudad de México, capital desde el virreinato, ha tenido que procurar la seguridad de sus habitantes. Esta es la misión de la institución que hoy conocemos como la Policía. A través de cuatro etapas que comienzan en 1780 y llegan hasta el presente, este libro recorre su historia de manera crítica y resalta los aciertos y las deficiencias de la institución, detallando la participación de personajes tan enigmáticos como Baltasar Ladrón de Guevara, Arturo Durazo o Alejandro Gertz Manero, por mencionar algunos. Explica su arduo proceso de profesionalización, reflexiona sobre la corrupción que la ha aquejado a todos los niveles y revisa los distintos cuerpos y grupos que la han integrado, desde los Granaderos, los Zorros, la Policía de Tránsito y, por supuesto, el cuerpo de mujeres, la Hermandad y la Policía Secreta. Además, los autores intercalan episodios de la nota roja, que conmocionaron a la ciudadanía en distintos momentos: “El chalequero”, “La descuartizadora de niños”, “Los narcosatánicos”, “La mataviejitas” o el “El caníbal de la Guerrero”.

Desde la Nueva España hasta el contexto actual, los autores nos llevan de la mano por el camino que desemboca en la crisis de seguridad que hoy vivimos y los esfuerzos constantes de la Policía para erradicar el crimen y garantizar la seguridad de las y los habitantes

EN LA INTRODUCCIÓN:

En el tiempo que a usted le tomará leer este párrafo, digamos un minuto, se habrán recibido 3.5 llamadas al 911. En la Ciudad de México, cada día se reciben un promedio unas 5 mil llamadas de emergencia, solicitando el auxilio de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) (tanto policías como bomberos), de Protección Civil o del ERUM (Escuadrón de rescate y urgencias Médicas, perteneciente también a la SSC). Para responder a estas emergencias, se movilizan diariamente más de 4 mil unidades, de las cuales 3 de cada 4 son patrullas de la policía (Gobierno de la Ciudad de México, 2025). El sábado 25 de enero de 2025, una de esas 5,000 llamadas reportó un incendio en curso en la calle Beethoven, en una de las humildes vecindadas de la colonia Peralvillo. El fuego se había originado en un cuarto contiguo a la entrada, repleto de muebles viejos y demás trebejos, y atrapó en el interior de la vivienda a una joven y a dos niñas pequeñas. Los primeros en responder al llamado del 911 fueron los policías auxiliares María Guadalupe González Tierra Blanca y José Manuel Juárez Castro, adscritos al Sector Tlatelolco de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, quienes vencieron el miedo natural que cualquiera experimentaría ante semejante situación y actuaron sin titubear

María es madre de un niño de 11 años, José de otros dos niños menores. Eso, que a muchos quizá les hubiera llevado a actuar con prudencia, a ellos los impulso. “pienso que, si fueran mis hijos, cualquier otra persona hubiera hecho lo mismo”, diría después José. Entre las llamas, ambos policías y otro compañero se abrieron paso hasta llegar al cuarto donde estaban las dos niñas, una de 6 meses y otra de 5 años, y la joven de 22, totalmente paralizadas por el pánico. Si hubieran decidido esperar a los bomberos, probablemente se habrían perdido esos pocos minutos que, en situaciones como esa, separan la vida de la muerte

María tomó a la pequeña de meses en brazos, la cubrió con la camisola de su uniforme y volvió a cruzar el fuego. José hizo lo mismo con la otra niña, protegiéndola con su propio cuerpo, mientras que el tercer compañero logró sacar a la joven. Los tres resultaron con quemaduras superficiales, pero la mujer y las niñas salieran ilesas. Los vecinos, arremolinados afuera del siniestro, aplaudieron la valentía. Días después, cuando le preguntaron qué sintió al escuchar los aplausos, maría afirmó: “Te sientes orgullosa de tu trabajo, de portar el uniforme. No todos los policías son malos, somos más los buenos”

Con sus 90 mil efectivos, la Policía de la Ciudad de México constituye el segundo cuerpo policial más grande de toda América latina, tan solo detrás de la de Sao Paulo, en Brasil, que supera los 100 elementos. Su historia se remonta, por lo menos, siglo y medio atrás a 1861 cuando, por órdenes del presidente Juárez, se creó la Inspección General de Policía del distrito Federal. Esto es un hito que marca la fundación de la Policía, en el sentido moderno del término, en nuestro país. Podemos ir incluso más atrás si consideramos a los múltiples cuerpos creados desde las postrimerías de la colonia y durante las primeras décadas de vida independiente para mantener el orden y velar por la observancia de las normas del buen gobierno

Desde aquellos celadores que cuidaban las calles de la capital de Nueva España hasta los agentes policiales de la Secretaria de Seguridad Ciudadana SSC de nuestros días transcurre una historia compleja y plagada de contrastes; es la historia de los proyectos y las ideas en torno al concepto de seguridad pública y de aquellos cuerpos a los que dieron origen

Si bien en años recientes han aparecido algunos análisis importantes al respecto, en términos generales la policía mexicana ha merecido escaso interés por parte de los historiadores. Lo que conocemos de su historia ha sido escrito de manera indirecta y fragmentaria, a partir de relatos preocupados por la criminalidad, la violencia, el sistema penitenciario, la sociedad disciplinaria o los bajos fondos, relatos en los que la figura del policía asoma apenas como un actor de reparto y nunca como protagonista. Algo similar ha sucedido con las investigaciones de la violencia de estado mexicano, que despuntaron de manera importante a partir de la desclasificación de los archivos de la antigua Dirección Federal de Seguridad a comienzos de este siglo. Estos trabajos se han concentrado fundamentalmente en las fuerzas armadas y los grupos paramilitares, y solo hasta fechas muy recientes se ha comenzado a indagar sobre la participación de las fuerzas policiales en eventos represivos

Afortunadamente, de un tiempo para acá, esa tendencia se ha ido revirtiendo, en buena medida gracias a los trabajos desarrollados por Diego Pulido Esteva. Sin duda está entre los mayores especialistas sobre el tema y su obra: La Ley de la calle. Policía y sociedad en la Ciudad de México 1860 – 1940 (2023) constituye el análisis más completo sobre la policía capitalina en dicho periodo

La presente investigación pretende contribuir en esta línea, partiendo de la idea de que la policía, entendida como ese cuerpo organizado, responsable de la seguridad y el mantenimiento del orden  público, es más que una institución: es el representante más inmediato del estado ante la ciudadanía. Es, antes que nada, la materialización de un concepto, que ha adquirido distintas cargas de significado a lo largo de los últimos dos siglos y medio, desde sus orígenes remotos como policía y buen gobierno hasta la noción contemporánea de seguridad pública. Esta policía, como veremos, es el resultado de un proceso de larga duración en el que, con sus buenas, sus malas y su peores, los distintos gobiernos y autoridades responsables han ideado y apostado por muy diversos cuerpos, con objetivos -algunos menos nobles que otros- y tareas específicas. Así, la policía es cuerpo y concepto; realidad e imaginario; materialidad y palabra

Esta historia propone analizar los numerosos proyectos que, desde las décadas finales del gobierno colonial, trataron, con mayor o menor éxito, de dar respuesta tanto a las necesidades de protección y seguridad de la población como a la necesidad del régimen de disponer de una fuerza capaz de garantizar el mantenimiento del orden. Para ello, cada administración fue conformado en cada paso un concepto de policía con distintos matices que, al cabo de un largo andar, derivaría en los que hoy en día conocemos como la Secretaría de Seguridad Ciudadana SSC de la ciudad de México (SSCCDMX)

El recorrido que se propone comprende cuatro periodos o estadios por los que, desde nuestra perspectiva, ha atravesado la fuerza policial. Comienza por su fase formativa, hacia la recta final del virreinato, cuando el concepto de policía hacia referencia tanto el conjunto de normas y ordenanzas que regían la higiene de la ciudad y la sociabilidad armónica de sus habitantes como a los primeros cuerpos encargados de hacer valer dichas ordenanzas. Con el triunfo de la Independencia y la difícil consolidación de México como nación, esos cuerpos se transforman, adoptando paulatinamente la idea del mantenimiento del orden y el combate a la delincuencia por encima del buen gobierno. Esta fase temprana, que podemos ubicar entre 1780 y 1860, vio el surgimiento y la extinción de numerosas policías, reflejo de la inestabilidad, las penurias financieras y la fragilidad política que marcaron el devenir del país en esos años

El segundo periodo, de surgimiento y desarrollo de la policía en su sentido moderno, comienza, como decíamos, en 1861, con la creación de la Inspección General de la Policía del Distrito Federal. Adquiere plena forma durante el gobierno de Porfirio Díaz y sobrevive los cambios que trae consigo la lucha revolucionaria para consolidarse en el México de la primera mitad del siglo XX, cuando se la forma la Policía preventiva del Distrito Federal. La novedad de este periodo radica en la continuidad de un proyecto y de una idea de policía que, salvo durante el breve lapso de la intervención francesa (1861 – 1867), logró conformar un cuerpo policial organizado bajo un mando único, enfocado a la seguridad pública, y en concordancia con un aparato burocrático que permitió tanto la administración del personal como la generación y sistematización de información, indispensable para una mejor procuración de justicia, que surgió también es esta etapa. En este proyecto se logró la transición hacia la profesionalización de la policía, brindado formación, capacitación y disciplina a sus agentes, además de generar en ellos una identidad de grupo

La tercera fase que identificamos comprende de 1952 a 1990, periodo en el que la policía es reorientada de ser una fuerza del orden hacia una fuerza represiva. Para entonces, el abuso y la arbitrariedad policial no era ninguna novedad; por el contrario, a veces más, a veces menos, estas características desafortunadas han sido constante desde sus primeros tiempos, especialmente tratándose de los agentes que integraron a las distintas policías secretas en la ciudad que los gobiernos utilizaron con fines de espionaje y persecución política

Sin embargo, fue en estos años de guerra fría y paranoia anticomunista, cuando el régimen priista se decantó por su forma más autoritaria, que la policía se utilizó como un cuerpo represivo contra la población -imposible no pensar en el policía y su “palito de abollar ideologías”, dibujado por el genial Quino-. La violenta represión contra los simpatizantes de Miguel Henríquez Guzmán, que reclamaban el fraude en la elección presidencial de 1952, marcó el inicio de una nueva interacción entre la policía de la ciudad y sus habitantes, caracterizada por la impunidad, el uso sistemático y generalizado de la fuerza y la comisión de violaciones graves a los derechos humanos. Este periodo representa sin duda la peor época de la institución en toda su historia: la más abyecta y la más vergonzosa, en que fue arrastrada por diversos mandos, regentes y presidentes por un pantano de corrupción y desprestigio, lo que le mereció con creces el repudio de un amplio sector de la población capitalina. Repudio, vale recalcar, que ha sido muy complicado revertir

Así llegamos a la fase actual cuando, al cabo de la fallida promesa de Miguel de la Madrid de renovar a la corporación, comienza en la década de los noventa un nuevo proceso para dotar a la ciudadanía de la policía que merece: capacitada, íntegra y respetuosa de las garantías individuales. A partir de la desaparición de la figura del regente de la ciudad en 1997, las y los capitalinos experimentan por vez primera la posibilidad de elegir al jefe de gobierno y depositan su confianza en el candidato de la izquierda, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano

Este es un factor clave del proceso histórico policial, pues a partir de entonces el jefe de gobierno tendrá  la facultad de proponer al titular de la seguridad pública (atribución que antiguamente recaía en la sabiduría presidencial) incidiendo con ello directamente en la operación de la policía

Desde entonces, las sucesivas administraciones han implementado diversas estrategias para recuperar la confianza de la ciudadanía en su policía, al tiempo que han tratado de combatir la delincuencia atacando las causas sociales que la engendran. Una tendencia que se inaugura desde entonces es la desaparición de militares de alto rango al frente de la corporación, lo cuál modificará significativamente su naturaleza

Como parte de este recorrido, las y los lectores encontrarán cinco pausas en el camino, cinco viñetas que, a modo de ventanas, permiten aventurar una mirada al desempeño policial en casos que impactaron hondamente en la opinión pública. Nos parece sugerente mostrar la forma en que la policía dio seguimiento a los casos, que en ocasiones se tradujo en meses de trabajo de investigación para agotar las pistas y dar con el o la criminal en cuestión. Pero, sobre todo, estos casos nos brindan la oportunidad de observar, a través de las formas en que la prensa y los medios de comunicación les dieron cobertura, los miedos, las ansiedades y los prejuicios que atravesaban  la sociedad en momentos específicos en el caso del “Chalequero”, emerge el profundo desprecio y el racismo que sentían las élites y clases medias porfirianas con respecto a las clases humildes; con Felícitas Sánchez, se visibiliza el feroz conservadurismo de una sociedad indignada por las mujeres que decidían interrumpir su embarazo; Alfonzo de Jesús Constanzo y sus secuaces dieron los primeros atisbos de la violencia demencial derivada del tráfico de drogas; la investigación del misterioso criminal que asesinaba mujeres de la tercera edad asomó la transfobia y los discursos de odio contra la diversidad sexual; el tétrico hallazgo de José Luis calva Zepeda y sus crímenes instaló en la conversación pública el tema de los feminicidios y el peligro cotidiano que enfrentaban, y siguen enfrentando, las mujeres. Cinco casos terribles, cinco espejos que nos devuelven nuestra imagen de cuerpo entregó, sin clemencia ante nuestros defectos

Ser policía es una profesión dura y peligrosa; y no solo eso, también es ingrata como pocas. La sociedad suele ser muy dura con sus policías, haciéndolos objeto de su escarnio, de burlas y de un desprecio añejo y enconado, desprecio que ciertamente no es gratuito. Sin embargo, como nos recuerda Mariana Galvani, más allá de un uniforme y una placa, no hay diferencias entre los policías y la sociedad a la que han jurado servir y proteger (Galvani, 2016). “¡Ustedes también son pueblo, pueblo uniformado!”, solía escucharse en las manifestaciones cuando los granaderos arremetían violentamente, para recordarles que debajo del casco y detrás de los escudos había un actor social más, producto de sus circunstancias y sometido a las mismas injusticias que motivaban la protesta. Por ello, estudiar la historia de la Policía implica, en el fondo, estudiar nuestra propia historia: la de la sociedad que la ideó y engendró como institución, y la del modelo de “orden” que les encomendó defender

Este libro pretende ser una invitación para reflexionar sobre la Policía como una invitación para reflexionar sobre la policía como una institución socialmente construida que, a modo de Jano, posee dos rostros, dos naturalezas que coexisten en permanente tensión: la del cuerpo represor y la del garante de paz. De nosotros como sociedad depende cuál de ellas debe prevalecer

De la prestigiosa colección:

SINGULAR

FICHA TÉCNICA:

1 libro

296 páginas

En formato de 14 por 21 por 1.8 cm

Pasta delgada en color plastificada

Primera edición 2025

ISBN 9786070315190

Autor Carlos Pérez Ricart y

Daniel Herrera

Editor Siglo XXI

 

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