
LA VACUNA CONTRA LA INSENSATEZ
TRATADO DE INMUNOLOGÍA MENTAL
Libro Autor José Antonio Marina
EDITOR ARIEL
PRIMERA EDICIÓN 2025
LIBRO RECOMENDADO
PRESENTACIÓN:
Sinopsis de La vacuna contra la insensatez
Inmunízate contra la desinformación
Si somos tan inteligentes, ¿por qué caemos en
tantas estupideces y atrocidades? ¿Por qué nos dejamos manipular por falsas
creencias, teorías conspirativas y prejuicios? José Antonio Marina nos alerta
de un peligro invisible pero real: los virus mentales, ideas que infectan y
corrompen nuestra inteligencia, distorsionan nuestra memoria, sesgan nuestro
juicio y nos vuelven vulnerables a la manipulación política, económica e
ideológica
Tras años de investigación, Marina nos ofrece
una auténtica vacuna contra la insensatez, diseñada para fortalecer el
pensamiento crítico, desactivar tópicos que aceptamos como dogmas y entender
cómo nuestro cerebro, una obra inacabada de la evolución, nos lleva a cometer
errores sistemáticos
Con su estilo claro y provocador, el autor
nos invita a reconocer las trampas cognitivas que nos rodean y a protegernos
contra la desinformación, la credulidad y la manipulación
Una
lectura imprescindible para quienes buscan claridad en tiempos de confusión
NICHOS IRRACIONALES EN
UNA MENTE RACIONAL
1.
LAS PERSONAS INTELIGENTES PUEDEN ACTUAR ESTÚPIDAMENTE:
Siempre
e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos
irracionales que circulan por el mundo
Carlo Maria Cipolla, Primera ley de la estupidez
Tengo
la soberbia del humilde, del que ha sido gato escaldado y cocinero antes que
fraile, de quien sabe que no es oro todo lo que reluce y que muchas veces el
rey va desnudo. He visto a demasiados pontificar sobre certezas que no tenían y
tengo que tentarme la ropa antes de decir que tengo alguna
Pero
las tengo, y se las voy a contar, advirtiéndole previamente que me ha costado
mucho trabajo conseguirlas.5
No soy un iluminado, sino un currante
intelectual. Pongo muchas citas porque eso es como fichar en el trabajo: un
testimonio de las horas empleadas. Vamos a hacer un viaje desde lo visible a lo
invisible, del caso a la teoría, para intentar resolver un enigma. Eso me
obligará a algunas repeticiones, pero espero que cada vez a un nivel superior
Que
personas poco inteligentes hagan cosas poco inteligentes es fácilmente
comprensible. Lo que resulta difícil de entender es que personas muy
inteligentes hagan estupideces. En los estudios estadounidenses sobre el tema
aparece como ejemplo el lío del presidente Clinton con una becaria, que estuvo
a punto de hacerle perder la Presidencia de Estados Unidos.6
O el caso del presidente Johnson, cuyo gran objetivo
era promover la Gran sociedad en que todos podrían vivir dignamente, pero se
empantanó en la Guerra de Vietnam, que acabó haciéndole perder la presidencia y
la salud.7
Un caso especial es el del presidente George
W. Bush, cuya dificultad para atender a razonamientos complejos y su falta de
curiosidad era reconocida incluso por sus colaboradores, aunque en el test de
inteligencia daba una puntuación alta, lo que le permite a Stanovich ponerle
como ejemplo para distinguir entre inteligencia y racionalidad
Bush
tenía, a su juicio, una inteligencia alta, pero una racionalidad baja.8
Tengo
una visión náutica y dramática de la inteligencia.
Es
un barco navegando en un mar oscuro y tormentoso en el que, como dijo el
sentencioso Séneca, «el buen piloto, aun con la vela rota y desarmado, repara
las reliquias de su nave para seguir su ruta». Tendemos a hablar de la
inteligencia y de la razón como si fueran unas facultades innatas, que emergieron
completamente armadas y de punta en blanco, tal como, según los griegos,
sucedió con Palas Atenea, la diosa de la inteligencia, que nació perfecta de la
cabeza de Zeus
Pero
con la inteligencia no sucedió así. No hubo una creación instantánea del animal
racional. Somos el resultado de una larga y azarosa evolución que nos llevó
desde el instinto a la razón,9
que no obedeció a ningún plan, sino que se
hizo a salto de mata, resolviendo los problemas que las mutaciones genéticas y
el entorno planteaban, incluido el entorno social. Esa evolución nos ha dotado
de una inteligencia poderosísima pero vulnerable, con puntos ciegos, mecanismos
equivocados,
trampas cognitivas y emocionales en las que caemos irremediablemente, y de las
que hemos aprendido a salir. Llamo «inteligencias
triunfantes» a las que son capaces de hacerlo, e «inteligencias fracasadas» a las que no consiguen superar las
emboscadas de nuestra inteligencia ancestral. Pondré un ejemplo. En los años
veinte del pasado siglo, un gran neuropsicólogo, Alexander Luria, estudió
algunas tribus de Asia Central. Comprobó que eran incapaces de realizar un
razonamiento formal, es decir, de sacar inferencias abstractas. Les preguntaba:
«Un vecino vuestro va a un país donde todos los osos son blancos. Mientras
camina ve un oso. ¿De qué color es?». Los nativos no sabían contestar.
Respondían: «¿Cómo voy a saberlo?», o «Pregúntaselo a ese vecino».10 Vivían en
una scape room de la que no podían escapar
Nosotros
poseemos una inteligencia moderna, reflexiva, educada, capaz de utilizar
lógicas formales, pero que manifiesta con frecuencia disfunciones que la
impiden alcanzar su objetivo: dirigir bien el comportamiento para resolver
adecuadamente
los problemas. Entre estas derrotas de la inteligencia podemos incluir las
equivocaciones, que pueden ser ocasionadas por ignorancia, olvido, malas
inferencias o distracción, y la insensatez, cuando el error deriva de una mala concepción
de la realidad o de un mal uso persistente de la inteligencia. El castellano
reconoce la diferencia. Quien se equivoca está equivocado; quien comete
insensateces es un insensato. La diferencia entre «estar» y «ser» es crucial
Durante
tres siglos y medio los matemáticos se esforzaron en vano por demostrar el
«Teorema de Fermat». En 1993,después de seis años de trabajo, Andrew Wiles
presentó una demostración, de más de cien páginas, que causó asombro entre los
matemáticos. Sin embargo, al revisarla se descubrió un error en un momento de
la argumentación. Tras dos años de trabajo, el error pudo corregirse y se
aceptó por fin que Wiles había resuelto el enigma de Fermat. Su fallo había sido
una equivocación, no una estupidez. A veces, sin embargo, es difícil distinguir
ambas situaciones. Pondré unos ejemplos tomados de decisiones equivocadas que
provocaron graves accidentes. El 27 de marzo de 1977, dos Boeing 747, uno de
KLM y otro de Pan American chocaron en la pista de Tenerife, lo que causó la
muerte de 583 personas. Uno de los pilotos de KLM preparado para despegar había
dicho al controlador aéreo «We are now at take-off» (‘Estamos ya en despegue’).
El controlador entendió que estaba en la posición de despegue y respondió «OK»,
dándose por enterado, pero el piloto lo interpretó como autorización para
despegar; y así lo hizo, provocando la catástrofe. Fue un error o, mejor dicho,
lo hubiera sido si aquel desastre por fallos de comunicación hubiera ocurrido
por primera vez. Pero no era así, y lo insensato es que no se hubiese corregido
la situación.11 El 1 de diciembre de 1974, un Boeing de la TWA se estrelló
porque el controlador aéreo y el piloto interpretaron de manera diferente la
frase: «Cleared for the approach» (‘Aproximación autorizada’) dicha por el
controlador. El piloto entendió que el descenso estaba controlado desde la torre,
no tomó las medidas necesarias y se estrelló.12 Los desastres por fallos
elementales de comunicación siguieron produciéndose. En 2008, doce montañeros
murieron durante la ascensión al K2. Era una expedición mixta neerlandesa, noruega,
estadounidense, coreana, serbia y francesa. Por su parte, los sherpas hablaban
cinco dialectos diferentes. Los malentendidos hicieron que para atravesar un
paso difícil se fijaran cuerdas demasiado cortas. El 13 de enero de 2012 el barco
de crucero Costa Concordia naufragó junto a la costa italiana. La verdadera
causa del hundimiento fue que la tripulación, compuesta por gente de 38
nacionalidades, y el pasaje, procedente de otras 38, no pudieron comunicarse
El
jefe de máquinas, de origen búlgaro, confesó que no había entendido las órdenes
del capitán dadas en italiano.13 En cada caso concreto es un error, pero la
repetición de los casos permite apuntar a algún factor común al que podemos llamar
«insensatez» (y también irracionalidad, falta de previsión, estupidez, carencia
de protocolos estrictos, etcétera). Es un marco que facilita la comisión de
errores. Que un cirujano se equivoque y opere un órgano diferente al que tenía
que operar es un error, pero que, al año, en Estados Unidos, haya más de dos
mil operaciones equivocadas hace pensar en una situación de insensatez. Una
nación puede comenzar una guerra por un error en sus cálculos, pero la
persistencia ancestral de las guerras como solución de conflictos es una
muestra de estupidez crónica de la especie; para colmo de estulticia,
disfrazada con los aderezos de la gloria
Parece
que se cumple el viejo refrán: cornudos, pero contentos
Continuaré
con los ejemplos. El 28 de enero de 1986, el transbordador espacial Challenger
estalló al despegar porque fallaron unas juntas que aislaban los depósitos de
combustible. Un error de cálculo. Pero Christian Morel, que ha dedicado una
obra en tres volúmenes a estudiar la sociología de los errores radicales y
reiterados — algo parecido a lo que estoy llamando estupidez o insensatez— se
pregunta: «¿Por qué los responsables del transbordador se obstinaron en
conservar las juntas defectuosas durante años?
¿Por
qué autorizaron el lanzamiento, aunque los mismos ingenieros que habían
diseñado el transbordador lo desaconsejaron?». Morel define la decisión absurda
como la «acción persistente contra el propio
objetivo», algo así como tirar piedras contra el propio tejado. Diane
Vaughan, que ha escrito un libro de seiscientas páginas sobre la decisión de
lanzar el Challenger, habla de una «normalización de
la anomalía». Ya tendremos ocasión de ver que la «habituación» puede hacer que acabemos aceptando como normal lo
que es disparatado. Es un eficaz combustible de la insensatez. Alemanes
honestos se acostumbraron a los horrores nazis. Eran criminales, pero eran sus
criminales. En una reciente entrevista publicada a finales de septiembre de
2024 en El Mundo, Marlene Wind, directora del Centro de Política Europea en la
Universidad de Copenhague, comentaba:
A
pesar de todas las locuras que han sucedido desde que Trump apareció en la
escena política — ya sea en 2016 o 2019, cuando todo comenzó
a explotar en escándalo tras escándalo—, parece que todo se ha normalizado. Sus
juicios, su condena, sus impeachments, las acusaciones de agresión sexual, el
intento de golpe del 6 de enero... Todo eso parece que ha pasado a ser
aceptable.14
De
nuevo nos encontramos un «marco estúpido», un
entorno tóxico que favorece los errores. Antes mencioné el caso de Clinton,
donde también descubrimos ese marco tóxico. Él mismo, años después, justificó
su desliz diciendo que «era tan fácil» que apenas se dio cuenta de lo que
hacía.
A
ese marco tóxico se añadía una impresión de invulnerabilidad, de omnipotencia,
de estar más allá del bien y del mal.
Es
lo que se conoce como la hybris del poder.
Cuando decimos que el poder corrompe, estamos diciendo que el poder abre un
campo donde los errores se facilitan
Un marco de insensatez
La
bipolaridad feroz de los partidos políticos disminuye su capacidad para
resolver los problemas de la sociedad. También es un marco estúpido al que los
ciudadanos nos hemos habituado. Es la Realpolitik, qué le vamos a hacer. Ya han
aparecido dos trampas mentales: puedo habituarme a cualquier cosa, y la pasión
del poder genera «marcos de insensatez», en los que puede darse cualquier disparate
Aunque
vaya a presentarles un desfile casi circense — ¡más difícil todavía!— de
fracasos de la inteligencia, mi visión de ella es optimista. Como decía un
viejo grafiti, «hay que dejar el pesimismo para tiempos mejores». Ya que he
mencionado los accidentes aéreos, es justo subrayar que las compañías aéreas se
han enfrentado inteligentemente al problema de los errores humanos y han puesto
en funcionamiento programas de formación de pilotos, llamados CRM (Crew
Resource Management), para sensibilizar a las tripulaciones sobre los fenómenos
cognitivos y colectivos que provocan errores al pilotar.15 Este libro: LA VACUNA CONTRA LA INSENSATEZ TRATADO DE INMUNOLOGÍA
MENTAL; se mueve en la misma onda práctica: la de pretender reducir el
efecto de los errores humanos, para lo que es condición indispensable haberlos
reconocido primero
No
hay mayor manifestación de estupidez que la del que afirma, poniendo cara de
autenticidad virtuosa, que no se arrepiente de nada. Eso equivale a decir que
no ha aprendido nada
Afortunadamente,
los pilotos aprenden. Los programas de CRM hacen hincapié en la naturaleza
inevitable del error en la medida en que reconocen que el error es inherente a
la conducta humana,16 por lo que el interés se centra en desarrollar «barreras»
para evitar su aparición y en la creación de las herramientas necesarias para
gestionarlo adecuadamente si se presenta. Dada la limitación de nuestra
atención, los pilotos de aviones de combate son entrenados para mejorar su «conciencia situacional,
es decir, para optimizar su percepción en condiciones difíciles de sobrecarga
ambiental y mental».17
Cuando
nuestra atención se centra en un problema concreto (por ejemplo, si nos
quedamos mirando un indicador roto) y no explora otros problemas potenciales,
lo más probable es que acabemos hundiendo el aparato en el mar. Eso fue lo que
les sucedió a los pilotos de un avión: por preparar al pasaje para un
aterrizaje de emergencia, se olvidaron de mirar los indicadores de combustible
y terminaron estrellándose al agotarlo
Me
parece importante aplicar a todas las actividades esta metodología, que
considera que un error bien gestionado es indicador de una inteligencia
triunfante
Aprender
de los errores forma parte de nuestro destino. Si solo aprendiéramos de
nuestros éxitos estaríamos condenados a la repetición. Puesto que el hacha de
piedra había sido un éxito, ¿por qué pensar en otra cosa? Nuestros ancestros
estuvieron un millón de años sin cambiar de modelo.18 Sin embargo, la
experiencia histórica es desalentadora. Seguimos siendo el animal que tropieza
siete veces en la misma piedra
2.
GENEALOGÍA DE LAS INSENSATECES INDIVIDUALES
La
probabilidad de que una persona determinada actúe irracionalmente es
independiente de cualquier otra característica de la misma persona
Carlo Maria Cipolla, Segunda ley de la estupidez
En
este punto tenemos que pedir ayuda a la filosofía. Para mi argumento, es
esencial admitir que la función principal de la inteligencia es dirigir el
comportamiento para resolver los problemas a los que se enfrenta el organismo.
Uno de mis maestros, el doctor Sperry, premio Nobel de Medicina, decía: «No es
verdad que el estómago trabaje para el cerebro. Es el cerebro el que trabaja
para el estómago»
Para
comprender la complejidad de nuestro comportamiento, hay que distinguir entre
los mecanismos que utiliza la inteligencia y el uso que hacemos de ellos.
Imaginemos a una persona que con frecuencia es capaz de encontrar la mejor solución
posible para un problema, pero que luego no la pone en práctica por olvido,
pereza, miedo o rencor
¿Diríamos
que es una persona muy inteligente?
El
criterio de evaluación de mayor nivel tiene que referirse al comportamiento
Un
razonamiento muy inteligente puede continuarse con una acción estúpida. Entre
la inteligencia como capacidad de pensar y la inteligencia como capacidad de
actuar pueden intervenir factores de distorsión, algunos deformadores cognitivos,
afectivos u operativos
Pondré
como ejemplo de «deformador epistemológico» la
obstinación en el error, el sostenerla y no enmendarla, que se aconseja al
noble en Las mocedades del Cid, de Guillén de Castro. En ese caso, es el
orgullo el que perjudica el buen seso
Es
un deformador cognitivo. Sutherland cuenta un caso dramático:
Los
generales son famosos por insistir en emplear estrategias cuya inutilidad está
claramente demostrada. En la Primera Guerra Mundial era evidente, aunque solo
fuera por la batalla de Verdún, en la que se perdieron 800.000 vidas, que en la
guerra de trincheras los ataques directos no solo estaban condenados al
fracaso, sino que suponían más pérdidas para los atacantes que para los
defensores. Sin embargo, en la batalla del Somme, el general Haig, que en las
primeras horas ya había perdido 57.000 hombres, siguió atacando las posiciones alemanas,
muy bien defendidas, con nuevas y terribles pérdidas de tropas.19
Sin
duda pensó que la única manera de dar sentido a la matanza era avanzar al
precio que fuera. Una insensatez que después llamaré «error
del inversor». La única forma de justificar esas 57.000 muertes es
alcanzar las posiciones alemanas, aunque tengan que morir otros 57.000
El
jeque protagonista de Citadelle, de Saint- Exupéry, explica a su hijo que hay
que seguir muriendo por defender una campana, no por lo que esa campana
signifique, sino por la cantidad de gente que ha muerto por defenderla
Como
observador de las obnubilaciones humanas, me resulta interesante la admiración
permanente por Napoleón
Mi
amigo Antonio Mingote dibujó el patio de un manicomio donde había un paciente
que se creía Napoleón. Al pie de la viñeta se leía: «El primero que dijo llamarse
Napoleón cogió a la gente desprevenida». Su irrupción supuso dos millones de
muertos, el fin de la Revolución francesa y la restauración de la monarquía,
pero contagió a sus conciudadanos una enfermedad mortal: la fascinación sumisa por el poder
Consiguió
que el mismo pueblo que había derrocado la monarquía le nombrara emperador
hereditario. La fascinación por el poder es una tendencia humana que retoña
periódicamente. Mussolini, Hitler, Stalin, Mao Zedong, Putin, Erdoğan, Chávez o
Trump. ¿Qué extraño fallo de nuestra inteligencia nos hace admirar a quien
puede esclavizarnos?
3.
LOS TIPOS DE FRACASOS
Igual
que el entomólogo colecciona mariposas, yo cuido mi colección de fracasos
mentales. Podemos distinguir entre fracasos
cognitivos, afectivos y volitivos 20
Los fracasos cognitivos tienen
lugar cuando una creencia resulta invulnerable a la crítica o a los hechos que
la contradicen. El prejuicio, la superstición, el dogmatismo y el fanatismo son
planetas de esa misma constelación. El prejuicio solo capta la información que lo refuerza y prescinde
del resto. La superstición es una
creencia mágica, que puede llevar a comportamientos parecidos a los trastornos obsesivos compulsivos (TOC). En ambos
casos, se realizan comportamientos absurdos para evitar la ansiedad que
provocaría no ejecutarlos — evito el número 13 o me lavo siete veces las manos
no porque crea en la eficacia de esas acciones, sino porque conozco la
inquietud que me producirá no ejecutarlas—. El
dogmatismo es una actitud
cognitiva que se inmuniza contra la crítica, porque piensa que posee la verdad
absoluta y que esa verdad merece un estatuto especial frente a todas las doctrinas
falsas. El fanatismo añade a eso la vehemencia pasional. En todos
estos fracasos aparece el mismo factor de distorsión: la
absoluta certeza que acompaña a la creencia. Estar absolutamente seguro
de algo que no se sabe es la definición de prejuicio,
y los prejuicios son difíciles de erradicar porque van acompañados de un
mecanismo de defensa claramente patógeno: percibir solo la información que lo
confirma, y no la que lo invalida — lo que se denomina «sesgo
de confirmación»—. Eso blinda contra las evidencias que podrían forzar a
cambiar de idea, interrumpiendo así el dinamismo normal y progresivo del
conocimiento. Son actitudes de sumisión voluntaria.
Daniel Dennett tiene razón al escribir: «La libertad humana consiste
solo en aprovechar las experiencias pasadas para conducir el comportamiento». Estos
fracasos cognitivos impiden aprender.21
La
causa de los fracasos afectivos es que nos perdemos en nuestro laberinto
sentimental. La función de las emociones es orientar nuestro comportamiento,
porque nos ponen en contacto con valores o contravalores. En su normal
funcionamiento son útiles, por eso se han mantenido a lo largo de la evolución.
El miedo percibe el peligro, e incita a huir. El amor fomenta el acercamiento.
El enfado detecta un obstáculo y moviliza contra él al individuo. Pero todas
estas emociones pueden confundir al sujeto si no están bien calibradas. Podemos
sentir miedo ante situaciones no peligrosas, el amor puede convertirse en una
pasión funesta y la furia convertirse en una «locura breve», como la definían
los antiguos diccionarios. En todos estos casos, la emoción — que es necesaria
para actuar— interfiere en la buena toma de decisiones. Actúa como un
distorsionador, alterando las conclusiones de la razón. Es fácil poner
ejemplos. El odio altera el juicio sobre la realidad, y lo mismo hacen la
envidia o el resentimiento. Son emociones que pervierten el sistema afectivo de
una persona. Una amiga me confesaba un día desconsolada: «Una y otra vez me
enamoro de la persona que no me conviene. No aprendo».
Otro
fracaso afectivo ocurre cuando no se reconocen bien los sentimientos. Para
evitarlo, Daniel Goleman y sus seguidores consideraron que el primer paso para
desarrollar la «inteligencia emocional» era aprender a reconocer los
sentimientos propios y ajenos.22 Una equivocación, por ejemplo, consiste en
pensar que es amor lo que es deseo de posesión. En una comedia de Marivaux, dos
mujeres conversan y una pregunta a la otra: «Pero ¿por qué tu marido tiene
celos de ti?», a lo que su amiga responde: «Por lo que sienten siempre los
hombres: por amor propio»
Pensar
que es amor lo que solo es amor propio es una garrafal insensatez
De
nuestros antepasados primates, que son animales grupales, hemos heredado un programa afectivo que va a influir poderosamente
en nuestra evolución cultural: somos seres jerárquicos y propensos a obedecer
Revelarnos
contra esa propensión ha sido una de nuestras tres grandes pretensiones: las
otras dos son liberarnos de la credulidad y la impulsividad. Mantenga en la
memoria estas líneas de superación evolutiva: aspiramos a superar la
credulidad, controlar la impulsividad y liberarnos de la sumisión
Los
fracasos de la voluntad se manifiestan de muchas maneras: la abulia, las
adicciones, la impulsividad no controlada, los déficits de atención voluntaria,
la procrastinación, la indecisión, la rutina, la inconstancia, la obcecación.
Lo que antes se llamaba «fuerza de voluntad» revela el esfuerzo del sujeto por controlar y
dirigir impulsos y deseos que no quieren ser controlados
Jonathan
Haidt utiliza una metáfora muy gráfica:
Nuestra
voluntad es como el jinete que a lomos de un imponente elefante intenta
conducirlo23 (más adelante les diré cómo se llaman el elefante y el jinete). El
jinete tiene, en primer lugar, que saber a dónde va. Por eso hay que dar
especial importancia a la elección de metas, de proyectos, de planes de vida.
Eso exige algo parecido a la sabiduría. Tenemos que elegir entre planes
contradictorios (triunfar o vivir tranquilo); organizar planes simultáneos
(compatibilizar la vida laboral y la familiar); realizar planes compartidos
(desde una vida de pareja hasta la cooperación en el trabajo); tomar decisiones
teniendo en cuenta lo que hay, lo que es previsible que haya en el futuro o lo
que sería bueno que hubiera. Los fracasos en la decisión son frecuentes y
variados. He elegido mal mi meta (era imposible, contradictoria, destructiva);
no he sabido coordinar mis metas con las de otra persona concreta (matrimonios
fracasados); no he sabido coordinar mis metas con las impuestas por la sociedad
a través de la moral y el derecho (individualismo
insolidario)
Los
marcos de estupidez favorecen que nos equivoquemos en
la elección de fines, porque incluyen criterios de evaluación disfuncionales.
El error en los criterios de evaluación produce,
por lo tanto, marcos de estupidez. Creo que a eso se refiere Amartya Sen,
premio Nobel de Economía, cuando habla del «tonto
racional» (rational fool).24 Después de exponer la teoría económica
del Homo rationalis, escribe: «Un hombre puramente económico es casi un
retrasado mental desde el punto de vista social. La teoría económica se ha ocupado
mucho de este tonto racional arrellanado en la comodidad de su ordenamiento
único de preferencias». Su racionalidad se limita al «nicho económico». No
olviden este concepto, pues aparecerá una y otra vez. Lo que la Humanidad va a
buscar es una racionalidad universal, y no encajada en un nicho.
4.
LOS NICHOS DE INSENSATEZ
Los
análisis anteriores han mostrado que las personas inteligentes pueden tener «nichos de insensatez», en los que la perspicacia, la racionalidad, la capacidad de
aprendizaje quedan bloqueados por la acción de un agente patógeno interno o
externo. David Robson cuenta la historia de un individuo llamado Kary que creía
que había sido abducido por un alienígena, aunque no podía recordar lo que
sucedió. Era también un devoto seguidor de la astrología, negaba que el virus
VIH causase el sida, o que la producción de gases CFC hubiera producido un
agujero en la capa de ozono. Este podría parecer un caso de persona mal
informada y crédula, pero lo curioso es que su nombre completo es Kary Mullis y
ganó el premio Nobel de Química en 1993.25 Candice Basterfield y sus
colaboradores enumeraron las disparatadas creencias de una docena de laureados
con el premio Nobel de la ciencia: la telepatía, la homeopatía, la astrología,
la sincronicidad, los tratamientos extravagantes del autismo y la negación de
que el sida esté causado por el VIH.26
Nikola
Tesla, un genio científico y tecnológico, al que debemos el sistema de energía
de corriente alterna que nos proporciona electricidad, era una persona con una
serie de manías peculiares que cumplía a rajatabla
Esos
nichos de insensatez pueden quedarse encapsulados, o formar metástasis que
afecten a la vida mental entera
Depende
de si el sujeto mantiene el control sobre ellos o no
Recuerdo
ahora una historia que perturbó los ambientes jurídicos de Estados Unidos: Sol
Wachter, el principal juez del Estado de Nueva York y del Tribunal de
Apelación, muy respetado por sus dictámenes y sentencias, fue declarado
culpable de un grave delito y encarcelado en una prisión federal. Su amante le
había abandonado y el juez Wachter se pasó trece meses escribiéndole cartas
obscenas, haciendo llamadas lascivas y amenazándola con secuestrar a su hija
Una
persona muy inteligente malogró su vida por un comportamiento muy estúpido
Daniel
Boy y Guy Michelat, dos sociólogos que han estudiado las creencias de los
franceses sobre las pseudociencias, escriben: «Hay que abandonar el modelo
lineal según el cual la proximidad al racionalismo o al modo de pensamiento
científico iría a la par con la elevación del nivel de estudios».27 No ocurre
así. La creencia en lo paranormal o en la astrología afecta en primer lugar a
la enseñanza superior no científica, es decir, a las humanidades. Jean-Bruno Renard
ha constatado que los cuadros medios y superiores son estadísticamente más
creyentes que los obreros o los agricultores, sobre los ovnis, la telepatía e
incluso sobre el espiritismo.28 Por su parte, Pierre-Benoit Joly y Alain
Kaufmann precisan: «La resistencia a la evolución tecnológica es más importante
en las sociedades de alto nivel de instrucción. Los tecnocríticos están lejos
de ser ignorantes; tienen generalmente un nivel de formación bastante
elevado».29
George
Minois, autor de una Histoire de l’avenir, sostiene que desde Nixon a Hassan
II, de Vincent Auriol a Antoine Pinay, muchos políticos se han interesado por
las cartas astrales.30
William
Mackenzie King, que fue tres veces primer ministro canadiense, se dedicó
intensamente al espiritismo y consultó a los médiums más famosos de Europa.
Durante un viaje se entrevistó con Hitler y le hizo unas advertencias muy sensatas,
pero también cambiaron impresiones sobre el mundo de los espíritus, y Mackenzie
llegó a la conclusión de que Hitler era muy devoto de su madre y que esta le
guiaba desde la ultratumba. Nancy Reagan introdujo a sus amigos astrólogos en
la Casa Blanca, Mitterrand consultaba a Elizabeth Teissier sobre la Guerra del
Golfo y el referéndum de Maastricht. El astrólogo Maurice Vasset asesoró, al
parecer, a De Gaulle. Valéry Giscard d’Estaing confesaba el 15 de septiembre de
2011 a la cadena de televisión Histoire dar importancia a los signos
astrológicos y, no menos asombroso, haber llevado un objeto fetiche, que le
había dado un marabú senegalés después de su victoria en las elecciones
presidenciales de 1974.31
Un
«nicho de irracionalidad» puede tener su peculiar argumentario, incluso su «racionalidad de dominio». Eso lo vio muy
claro Tomás de Aquino y gran parte de la teología escolástica. La teología es
una disciplina que aplica todos los recursos de la razón a un dominio que no es
racional, sino que es revelado y aceptado por fe. Las discusiones metafísicas
de los concilios cristológicos acerca de si Cristo tenía una naturaleza o dos,
o si el Espíritu Santo procedía solo del Padre o del Padre y del Hijo son un
prodigio de «racionalidad de nicho»
Por
ejemplo, los amish, una secta religiosa que pretende llevar una vida
tradicional, no quieren utilizar motores. Sin embargo, necesitan usar tractores
en el campo, pero los usan sin neumáticos, con las llantas al aire Tiene una
explicación racional: no quieren que se utilicen para ir a la ciudad, y la
manera de conseguirlo es quitándoles los neumáticos.
5.
LA DISRACIONALIDAD
A
la vista de estos fenómenos, muchos autores, entre los que me cuento, han
separado inteligencia y uso racional de esa inteligencia. Peter Stanovich ha
descrito la «disracionalidad» como la incapacidad de pensar y comportarse
racionalmente, a pesar de poseer una inteligencia adecuada
Una
persona crédula, impulsiva o sumisa puede comportarse de una manera irracional,
aunque tenga capacidad de elaborar razonamientos. Este autor define la
racionalidad como la conducta que es capaz de alcanzar la meta, tomar
decisiones juiciosas, regular eficientemente su conducta, priorizar las metas,
reflexionar y calibrar adecuadamente las evidencias
La
acción irracional puede darse en catedráticos de lógica. Voltaire
dijo con gracia que «la razón es eso que el hombre usa cuando está tranquilo».
Eso explica que tengan sentido frases como: «Es muy inteligente, pero
irresponsable», «Es muy inteligente, pero un fanático», «Es muy inteligente,
pero autodestructivo». Stanovich habla del «cociente de racionalidad», que se
correlaciona de manera imperfecta con la inteligencia.32 «Las personas
inteligentes —escribe Pinker— pueden ser cerradas de mente o compulsivas, y las
más torpes pueden ser abiertas y reflexivas.»33 Robert J. Sternberg, editor del
libro Por qué si somos inteligentes hacemos tantas cosas estúpidas, admite
también que una persona inteligente puede ser insensata (foolisch). Y señala
algunos factores: (1) el egocentrismo: se olvida del interés de los demás; (2)
un falso sentido de la omnisciencia; (3) un falso sentido de la omnipotencia;
(4) un falso sentido de la invulnerabilidad. Al final del libro comprobará la
pertinencia de estas observaciones.34
La
idea de Stanovich fortalece el modelo de inteligencia sobre el que trabajo
desde hace años. Una cosa es la inteligencia — la capacidad de aprender,
relacionar, combinar, razonar, hacer proyectos— y otra es el uso que se hace de
esa inteligencia, que puede ser destructivo, perverso, estúpido... o racional.
Un buen ejemplo lo proporciona la historia de aquel sultán que quiso premiar a
dos súbditos enemistados.
Le
dijo al primero que escogiera el premio que deseara, pero sabiendo que a su
enemigo se le daría el doble. Movido por su odio, expresó que su deseo era que
le sacaran un ojo; de ese modo, él quedaría tuerto, pero su enemigo quedaría
ciego. Razonó implacablemente, atrapado en el marco insensato de su odio. La inquisición, la tortura judicial, el nacionalismo
agresivo, la gloria nacional o la avaricia son aplicaciones racionales a marcos
no racionales. Así pues, debemos distinguir la capacidad de razonar
(propiedad de la inteligencia) del uso de esa capacidad. Puede haber un uso
desquiciado del razonamiento — si se comienza por unas premisas disparatadas o
se dirige a un fin disparatado también— y puede haber lo que llamaremos «uso
racional de la inteligencia», que es aquel discurso en que se utiliza el
razonamiento para alcanzar o justificar verdades o valores universales. Un
marco de sensatez…
Quise
mostrar una pequeña aportación del libro; pera que usted acuda a su librería más
cercana y exija un ejemplar antes de que se agote
De la prestigiosa colección:
Filosofía, Ética, Actualidad Sociológica
ÍNDICE:
Índice
Prólogo
de urgencia
Introducción:
Ajustando el punto de mira
PRIMERA PARTE
UNA ESPECIE PREPARADA PARA SER ENGAÑADA
LA VÍCTIMA ESTÁ DISPUESTA
I.
Nichos
irracionales en una mente racional
II.
Los
fracasos colectivos
III.
Cazadores
de trampas mentales cognitivas
IV.
Cazadores
de trampas mentales afectivas
V.
Explotando
la vulnerabilidad ajena
VI.
Manual
del manipulador
Epílogo
de la primera parte: Manual del perfecto
manipulador
SEGUNDA PARTE
UNA ESPECIE DECIDIDA A NO SER ENGAÑADA
VII.
Introducción
a la inmunología mental
VIII.
La
inteligencia de una especie crédula
IX.
La
transfiguración de nuestra inteligencia
X.
El
ataque de los virus mentales
XI.
Divertidos
en la Caja de Skinner
XII.
Tesauros
de las vacunas contra la insensatez
XIII.
La
factoría de las vacunas específicas
XIV.
Un
final estrepitoso
Despedida
Epílogo:
¿Seré tal vez un conspiranoico?
Notas
Índice
desglosado
FICHA TÉCNICA:
1
libro
352
páginas
En
formato de por 23 cm
Pasta
delgada con sobrecubierta en color plastificado
Primera
edición 2025
ISBN
9788434438705
Autor
José Antonio Marina
Editor
Ariel
La
vacuna contra la insensatez es el último ensayo publicado de José Antonio Marina, destacado filósofo, ensayista,
pedagogo y escritor español. Es conocido por su labor investigadora centrada en
la teoría de la inteligencia, que desarrolla desde la neurología hasta la
ética, y por su enfoque práctico sobre la filosofía, la creatividad y la
educación. Cómo explicar lo que Marina plantea en su libro. Con multitud de
ejemplos, referencias a otros filósofos o escritores y mediante sus propias
interpretaciones, el autor nos va desgranando los diferentes virus mentales a
los que se enfrenta el ser humanos y cómo esta vacuna llena de valores y
ejercicios de pensamiento ayudará a que no caigamos en desidia y sean otros los
que controlen nuestros actos. Empezando por los hombres más inteligentes en la
historia, que actuaron como auténticos insensatos, pasando por la persuasión de
las masas mediante los discursos políticos, y describiendo las dos
inteligencias que rigen nuestra mente (ejecutiva y generativa), hasta alcanzar
la felicidad pública y privada declarando que la bondad es el mayor
reconocimiento de alguien inteligente. Es la primera vez que leo a José Antonio
Marina y debo decir que el libro me ha fascinado. Es cierto que mucho sobre lo
que reflexiona lo tenemos ya en nuestra cabeza, pero no le ponemos nombre o no
lo llegamos a razonar desde un punto de vista más filosófico. Eso es lo que
hace grande este ensayo: la capacidad de definir qué inteligencia es la que
razona y me protege de los impulsos y cual los motiva; cómo los políticos nos
persuaden mediante discursos; o cómo las personas se ven más implicadas en una
idea si forman parte de un grupo, aunque este sea una secta. El libro está
dividido en diferentes bloques. Primero, declarando abiertamente que somos una
especie preparada para ser engañada; una reflexión con la que estoy de acuerdo.
Una vez explicadas las formas en que podemos caer en el engaño, pasamos a
desarrollar las soluciones en una segunda parte dedicada a esa misma especie
que no debe ser engañada. Aquí la vacuna ya se está gestando y solo queda la
reflexión final. En ella, Marina se pregunta si en verdad es un conspiranoico,
a lo que responde de inmediato que no. Con las herramientas de reflexión que
nos ofrece en este libro, cada uno puede sacar sus conclusiones de si en verdad
hay conspiraciones a nuestro alrededor o es fruto de nuestra imaginación. En
definitiva, con un lenguaje claro y apto para cualquiera con un mínimo de
inteligencia, La vacuna contra la insensatez os ayudará a abrir vuestra mente y
aceptar esta solución científico-social que nos permitirá ver el mundo de otra
forma y a actuar en consecuencia. Lectura obligada, que ya me ha hecho comprar
otras de sus obras como Biografía de la humanidad, Biografía de la inhumanidad
e Historia universal de las soluciones (sin contar la inmensa bibliografía que
utiliza y que te obliga a buscar, investigar y, algunas veces, hasta adquirir
para leer con posterioridad)
FAVOR DE PREGUNTAR
POR EXISTENCIAS EN:
Correo
electrónico:
Celular
y WhatsApp:
6671-9857-65
Gracias
a Google por publicarnos
Quedamos
a sus órdenes
LA VACUNA CONTRA LA INSENSATEZ
TRATADO DE INMUNOLOGÍA
MENTAL



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