ENTRE EL ORDEN Y EL CAOS
Historia de la Policía de la Ciudad de México
Carlos Pérez Ricart y
Daniel Herrera Rangel
Editor Siglo XXI
Primera edición 2025
LIBRO RECOMENDADO
“La
policía no es solo una institución del orden, sino una institución del poder”
La
Ciudad de México, capital desde el virreinato, ha tenido que procurar la
seguridad de sus habitantes. Esta es la misión de la institución que hoy
conocemos como la Policía. A través de cuatro etapas que comienzan en 1780 y
llegan hasta el presente, este libro recorre su historia de manera crítica y
resalta los aciertos y las deficiencias de la institución, detallando la
participación de personajes tan enigmáticos como Baltasar Ladrón de Guevara,
Arturo Durazo o Alejandro Gertz Manero, por mencionar algunos. Explica su arduo
proceso de profesionalización, reflexiona sobre la corrupción que la ha
aquejado a todos los niveles y revisa los distintos cuerpos y grupos que la han
integrado, desde los Granaderos, los Zorros, la Policía de Tránsito y, por
supuesto, el cuerpo de mujeres, la Hermandad y la Policía Secreta. Además, los
autores intercalan episodios de la nota roja, que conmocionaron a la ciudadanía
en distintos momentos: “El chalequero”, “La descuartizadora de niños”, “Los
narcosatánicos”, “La mataviejitas” o el “El caníbal de la Guerrero”.
Desde
la Nueva España hasta el contexto actual, los autores nos llevan de la mano por
el camino que desemboca en la crisis de seguridad que hoy vivimos y los
esfuerzos constantes de la Policía para erradicar el crimen y garantizar la
seguridad de las y los habitantes
EN LA INTRODUCCIÓN:
En
el tiempo que a usted le tomará leer este párrafo, digamos un minuto, se habrán
recibido 3.5 llamadas al 911. En la Ciudad de México, cada día se reciben un
promedio unas 5 mil llamadas de emergencia, solicitando el auxilio de la Secretaría
de Seguridad Ciudadana (SSC) (tanto policías como bomberos), de Protección
Civil o del ERUM (Escuadrón de rescate y urgencias Médicas, perteneciente también
a la SSC). Para responder a estas emergencias, se movilizan diariamente más de
4 mil unidades, de las cuales 3 de cada 4 son patrullas de la policía (Gobierno
de la Ciudad de México, 2025). El sábado 25 de enero de 2025, una de esas 5,000
llamadas reportó un incendio en curso en la calle Beethoven, en una de las
humildes vecindadas de la colonia Peralvillo. El fuego se había originado en un
cuarto contiguo a la entrada, repleto de muebles viejos y demás trebejos, y
atrapó en el interior de la vivienda a una joven y a dos niñas pequeñas. Los primeros
en responder al llamado del 911 fueron los policías auxiliares María Guadalupe González
Tierra Blanca y José Manuel Juárez Castro, adscritos al Sector Tlatelolco de la
Secretaría de Seguridad Ciudadana, quienes vencieron el miedo natural que
cualquiera experimentaría ante semejante situación y actuaron sin titubear
María
es madre de un niño de 11 años, José de otros dos niños menores. Eso, que a
muchos quizá les hubiera llevado a actuar con prudencia, a ellos los impulso. “pienso
que, si fueran mis hijos, cualquier otra persona hubiera hecho lo mismo”, diría
después José. Entre las llamas, ambos policías y otro compañero se abrieron
paso hasta llegar al cuarto donde estaban las dos niñas, una de 6 meses y otra
de 5 años, y la joven de 22, totalmente paralizadas por el pánico. Si hubieran
decidido esperar a los bomberos, probablemente se habrían perdido esos pocos minutos
que, en situaciones como esa, separan la vida de la muerte
María
tomó a la pequeña de meses en brazos, la cubrió con la camisola de su uniforme
y volvió a cruzar el fuego. José hizo lo mismo con la otra niña, protegiéndola con
su propio cuerpo, mientras que el tercer compañero logró sacar a la joven. Los tres
resultaron con quemaduras superficiales, pero la mujer y las niñas salieran
ilesas. Los vecinos, arremolinados afuera del siniestro, aplaudieron la
valentía. Días después, cuando le preguntaron qué sintió al escuchar los
aplausos, maría afirmó: “Te sientes orgullosa de tu trabajo, de portar el
uniforme. No todos los policías son malos, somos más los buenos”
Con
sus 90 mil efectivos, la Policía de la Ciudad de México constituye el segundo
cuerpo policial más grande de toda América latina, tan solo detrás de la de Sao
Paulo, en Brasil, que supera los 100 elementos. Su historia se remonta, por lo
menos, siglo y medio atrás a 1861 cuando, por órdenes del presidente Juárez, se
creó la Inspección General de Policía del distrito Federal. Esto es un hito que
marca la fundación de la Policía, en el sentido moderno del término, en nuestro
país. Podemos ir incluso más atrás si consideramos a los múltiples cuerpos
creados desde las postrimerías de la colonia y durante las primeras décadas de
vida independiente para mantener el orden y velar por la observancia de las
normas del buen gobierno
Desde
aquellos celadores que cuidaban las calles de la capital de Nueva España hasta
los agentes policiales de la Secretaria de Seguridad Ciudadana SSC de nuestros
días transcurre una historia compleja y plagada de contrastes; es la historia
de los proyectos y las ideas en torno al concepto de seguridad pública y de
aquellos cuerpos a los que dieron origen
Si
bien en años recientes han aparecido algunos análisis importantes al respecto,
en términos generales la policía mexicana ha merecido escaso interés por parte
de los historiadores. Lo que conocemos de su historia ha sido escrito de manera
indirecta y fragmentaria, a partir de relatos preocupados por la criminalidad,
la violencia, el sistema penitenciario, la sociedad disciplinaria o los bajos
fondos, relatos en los que la figura del policía asoma apenas como un actor de
reparto y nunca como protagonista. Algo similar ha sucedido con las
investigaciones de la violencia de estado mexicano, que despuntaron de manera
importante a partir de la desclasificación de los archivos de la antigua
Dirección Federal de Seguridad a comienzos de este siglo. Estos trabajos se han
concentrado fundamentalmente en las fuerzas armadas y los grupos paramilitares,
y solo hasta fechas muy recientes se ha comenzado a indagar sobre la
participación de las fuerzas policiales en eventos represivos
Afortunadamente,
de un tiempo para acá, esa tendencia se ha ido revirtiendo, en buena medida
gracias a los trabajos desarrollados por Diego Pulido Esteva. Sin duda está
entre los mayores especialistas sobre el tema y su obra: La Ley de la calle.
Policía y sociedad en la Ciudad de México 1860 – 1940 (2023) constituye el
análisis más completo sobre la policía capitalina en dicho periodo
La
presente investigación pretende contribuir en esta línea, partiendo de la idea
de que la policía, entendida como ese cuerpo organizado, responsable de la
seguridad y el mantenimiento del orden
público, es más que una institución: es el representante más inmediato
del estado ante la ciudadanía. Es, antes que nada, la materialización de un
concepto, que ha adquirido distintas cargas de significado a lo largo de los últimos
dos siglos y medio, desde sus orígenes remotos como policía y buen gobierno
hasta la noción contemporánea de seguridad pública. Esta policía, como veremos,
es el resultado de un proceso de larga duración en el que, con sus buenas, sus
malas y su peores, los distintos gobiernos y autoridades responsables han
ideado y apostado por muy diversos cuerpos, con objetivos -algunos menos nobles
que otros- y tareas específicas. Así, la policía es cuerpo y concepto; realidad
e imaginario; materialidad y palabra
Esta
historia propone analizar los numerosos proyectos que, desde las décadas finales
del gobierno colonial, trataron, con mayor o menor éxito, de dar respuesta
tanto a las necesidades de protección y seguridad de la población como a la
necesidad del régimen de disponer de una fuerza capaz de garantizar el
mantenimiento del orden. Para ello, cada administración fue conformado en cada
paso un concepto de policía con distintos matices que, al cabo de un largo
andar, derivaría en los que hoy en día conocemos como la Secretaría de
Seguridad Ciudadana SSC de la ciudad de México (SSCCDMX)
El
recorrido que se propone comprende cuatro periodos o estadios por los que,
desde nuestra perspectiva, ha atravesado la fuerza policial. Comienza por su
fase formativa, hacia la recta final del virreinato, cuando el concepto de
policía hacia referencia tanto el conjunto de normas y ordenanzas que regían la
higiene de la ciudad y la sociabilidad armónica de sus habitantes como a los
primeros cuerpos encargados de hacer valer dichas ordenanzas. Con el triunfo de
la Independencia y la difícil consolidación de México como nación, esos cuerpos
se transforman, adoptando paulatinamente la idea del mantenimiento del orden y
el combate a la delincuencia por encima del buen gobierno. Esta fase temprana,
que podemos ubicar entre 1780 y 1860, vio el surgimiento y la extinción
de numerosas policías, reflejo de la inestabilidad, las penurias financieras y
la fragilidad política que marcaron el devenir del país en esos años
El segundo periodo, de
surgimiento y desarrollo de la policía en su sentido moderno, comienza, como
decíamos, en 1861, con la creación de la Inspección General de la Policía del
Distrito Federal. Adquiere plena forma durante el gobierno de Porfirio Díaz y
sobrevive los cambios que trae consigo la lucha revolucionaria para
consolidarse en el México de la primera mitad del siglo XX, cuando se la forma
la Policía preventiva del Distrito Federal. La novedad de este periodo radica
en la continuidad de un proyecto y de una idea de policía que, salvo durante el
breve lapso de la intervención francesa (1861 – 1867), logró conformar un
cuerpo policial organizado bajo un mando único, enfocado a la seguridad
pública, y en concordancia con un aparato burocrático que permitió tanto la
administración del personal como la generación y sistematización de información,
indispensable para una mejor procuración de justicia, que surgió también es
esta etapa. En este proyecto se logró la transición hacia la profesionalización
de la policía, brindado formación, capacitación y disciplina a sus agentes,
además de generar en ellos una identidad de grupo
La tercera fase que
identificamos comprende de 1952 a 1990, periodo en el que la policía es
reorientada de ser una fuerza del orden hacia una fuerza represiva. Para entonces,
el abuso y la arbitrariedad policial no era ninguna novedad; por el contrario,
a veces más, a veces menos, estas características desafortunadas han sido
constante desde sus primeros tiempos, especialmente tratándose de los agentes
que integraron a las distintas policías secretas en la ciudad que los gobiernos
utilizaron con fines de espionaje y persecución política
Sin
embargo, fue en estos años de guerra fría y paranoia anticomunista, cuando el régimen
priista se decantó por su forma más autoritaria, que la policía se utilizó como
un cuerpo represivo contra la población -imposible no pensar en el policía y su
“palito de abollar ideologías”, dibujado por el genial Quino-. La violenta
represión contra los simpatizantes de Miguel Henríquez Guzmán, que reclamaban
el fraude en la elección presidencial de 1952, marcó el inicio de una nueva
interacción entre la policía de la ciudad y sus habitantes, caracterizada por
la impunidad, el uso sistemático y generalizado de la fuerza y la comisión de
violaciones graves a los derechos humanos. Este periodo representa sin duda la
peor época de la institución en toda su historia: la más abyecta y la más
vergonzosa, en que fue arrastrada por diversos mandos, regentes y presidentes
por un pantano de corrupción y desprestigio, lo que le mereció con creces el
repudio de un amplio sector de la población capitalina. Repudio, vale recalcar,
que ha sido muy complicado revertir
Así
llegamos a la fase actual cuando, al cabo de la fallida promesa de Miguel
de la Madrid de renovar a la corporación, comienza en la década de los noventa
un nuevo proceso para dotar a la ciudadanía de la policía que merece:
capacitada, íntegra y respetuosa de las garantías individuales. A partir de la
desaparición de la figura del regente de la ciudad en 1997, las y los
capitalinos experimentan por vez primera la posibilidad de elegir al jefe de
gobierno y depositan su confianza en el candidato de la izquierda, el ingeniero
Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano
Este
es un factor clave del proceso histórico policial, pues a partir de entonces el
jefe de gobierno tendrá la facultad de
proponer al titular de la seguridad pública (atribución que antiguamente recaía
en la sabiduría presidencial) incidiendo con ello directamente en la operación
de la policía
Desde
entonces, las sucesivas administraciones han implementado diversas estrategias
para recuperar la confianza de la ciudadanía en su policía, al tiempo que han
tratado de combatir la delincuencia atacando las causas sociales que la
engendran. Una tendencia que se inaugura desde entonces es la desaparición de
militares de alto rango al frente de la corporación, lo cuál modificará significativamente
su naturaleza
Como
parte de este recorrido, las y los lectores encontrarán cinco pausas en el
camino, cinco viñetas que, a modo de ventanas, permiten aventurar una mirada al
desempeño policial en casos que impactaron hondamente en la opinión pública. Nos
parece sugerente mostrar la forma en que la policía dio seguimiento a los
casos, que en ocasiones se tradujo en meses de trabajo de investigación para
agotar las pistas y dar con el o la criminal en cuestión. Pero, sobre todo,
estos casos nos brindan la oportunidad de observar, a través de las formas en
que la prensa y los medios de comunicación les dieron cobertura, los miedos,
las ansiedades y los prejuicios que atravesaban
la sociedad en momentos específicos en el caso del “Chalequero”, emerge
el profundo desprecio y el racismo que sentían las élites y clases medias
porfirianas con respecto a las clases humildes; con Felícitas Sánchez, se
visibiliza el feroz conservadurismo de una sociedad indignada por las mujeres
que decidían interrumpir su embarazo; Alfonzo de Jesús Constanzo y sus secuaces
dieron los primeros atisbos de la violencia demencial derivada del tráfico de
drogas; la investigación del misterioso criminal que asesinaba mujeres de la
tercera edad asomó la transfobia y los discursos de odio contra la diversidad
sexual; el tétrico hallazgo de José Luis calva Zepeda y sus crímenes instaló en
la conversación pública el tema de los feminicidios y el peligro cotidiano que
enfrentaban, y siguen enfrentando, las mujeres. Cinco casos terribles, cinco
espejos que nos devuelven nuestra imagen de cuerpo entregó, sin clemencia ante
nuestros defectos
Ser
policía es una profesión dura y peligrosa; y no solo eso, también es ingrata
como pocas. La sociedad suele ser muy dura con sus policías, haciéndolos objeto
de su escarnio, de burlas y de un desprecio añejo y enconado, desprecio que ciertamente
no es gratuito. Sin embargo, como nos recuerda Mariana Galvani, más allá de un
uniforme y una placa, no hay diferencias entre los policías y la sociedad a la
que han jurado servir y proteger (Galvani, 2016). “¡Ustedes también son pueblo,
pueblo uniformado!”, solía escucharse en las manifestaciones cuando los
granaderos arremetían violentamente, para recordarles que debajo del casco y
detrás de los escudos había un actor social más, producto de sus circunstancias
y sometido a las mismas injusticias que motivaban la protesta. Por ello, estudiar
la historia de la Policía implica, en el fondo, estudiar nuestra propia
historia: la de la sociedad que la ideó y engendró como institución, y la del
modelo de “orden” que les encomendó defender
Este
libro pretende ser una invitación para reflexionar sobre la Policía como una
invitación para reflexionar sobre la policía como una institución socialmente
construida que, a modo de Jano, posee dos rostros, dos naturalezas que
coexisten en permanente tensión: la del cuerpo represor y la del garante de
paz. De nosotros como sociedad depende cuál de ellas debe prevalecer
De la prestigiosa colección:
SINGULAR
FICHA TÉCNICA:
1
libro
296
páginas
En
formato de 14 por 21 por 1.8 cm
Pasta
delgada en color plastificada
Primera
edición 2025
ISBN
9786070315190
Autor
Carlos Pérez Ricart y
Daniel
Herrera
Editor
Siglo XXI
FAVOR DE PREGUNTAR
POR EXISTENCIAS EN:
Correo
electrónico:
Celular
y WhatsApp:
6671-9857-65
Gracias
a Google por publicarnos
Quedamos
a sus órdenes
ENTRE EL ORDEN Y EL CAOS
Historia de la Policía de
la Ciudad de México
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