LA VERDADERA HISTORIA DE LOS TIPOS DE INTERÉS
Libro Autor Edward Chancellor
Traductor Alexandre Casanovas
EDITOR DEUSTO
PRIMERA EDICIÓN 2024
LIBRO RECOMENDADO
PRESENTACIÓN:
1
Nacido
en Babilonia
Si
la riqueza se coloca allí donde genera un interés, cuando vuelve a ti se ha
duplicado.
Escriba egipcio, llamado Any, a principios del primer milenio A.
C.
Es
probable que no haya otra persona en todo el país que haya meditado tanto sobre
la cuestión del interés. La mente de Margayya estaba dedicada a ello. De día y
de noche, se sentaba y daba mil vueltas a la cuestión. Cuanto más pensaba en
ello, más le parecía la maravilla más grande de la creación. Combinaba el
misterio del nacimiento y de la multiplicación. De otro modo, ¿cómo podrías explicar
el hecho de que cien rupias ahorradas en el banco se conviertan con el paso del
tiempo en ciento veinte? Era algo parecido a la maduración del maíz. Cada
rupia, creía Margayya, contenía en sí misma la semilla de otra rupia, y esa semilla
otra más a su vez, y así hasta el infinito. Era algo parecido a un firmamento,
infinitas estrellas y, dentro de cada una, un firmamento infinito, y dentro de
cada uno, aún más infinito [...]. Rayaba la percepción mística
Le
confería la sensación de formar parte de una existencia infinita
R. K. Narayan, The Financial Expert, 1952
En
el principio existía el préstamo, y el préstamo llevaba un interés
Bueno,
en realidad, quizás fuera así. No lo sabemos a ciencia cierta, pero en la
actualidad muchos creen que las primeras transacciones económicas buscaban
obtener crédito, no un trueque o un intercambio
Sabemos
con certeza que antes de que alguien descubriera cómo poner ruedas a un carro,
en Mesopotamia ya se cobraba un interés por el dinero prestado. El interés es
mucho más antiguo que el dinero acuñado, que sólo aparecería en el siglo VIII A.
C. Algunos sugieren que los intereses nacieron con el «dinero de sangre», el
denominado Wergild, en concepto de compensación
por haber cometido un asesinato y otros crímenes, y que el «interés» era una
penalización que se pagaba por el valor de la ofensa en cuestión.28 Por otra
parte, en Ensayo sobre el don (publicado en 1925), el antropólogo francés
Marcel Mauss asegura que el interés nació con la práctica de corresponder a los
regalos recibidos entre pueblos tribales.*
Es
probable que los pueblos prehistóricos cobraran un interés a los préstamos de
maíz y ganado. La asociación entre el interés y el fruto de un préstamo está
muy presente en los idiomas antiguos. En todo el mundo antiguo, la etimología
de interés se deriva de las palabras utilizadas para referirse a las crías del
ganado. La palabra sumeria para referirse al interés, mas, significa ‘un
cabrito’ (o un cordero). 29
El
equivalente en egipcio antiguo, ms, significa ‘dar a luz’. 30 En griego clásico,
el interés es el tokos, ‘un ternero’. Entre las distintas palabras hebreas que
aluden al interés, tenemos marbit y tarbit, que significan ‘aumentar’ y
‘multiplicar’. La palabra latina para el interés, foenus, hace referencia a la
fertilidad, y el término para el dinero, pecunia, se 28. Hudson, Michael,
«Reconstructing the Origins of Interest-bearing Debt and the Logic of Clean
States», en Debt and Economic Renewal in the Ancient Near East, editado por
Michael Hudson y Marc Van de Mieroop, Kessinger Publishing, p. 11, Estados
Unidos, 2002
* Según
Mauss, estas costumbres no estaban motivadas por «el frío razonamiento del
comerciante, el banquero y el capitalista [...], lo devuelven con un interés,
pero con el objetivo de humillar a la persona que inicialmente hizo la donación
o la transacción, y no sólo para recompensarlo por la pérdida derivada del
“consumo diferido”», Mauss, Marcel, The Gift: The Form and Reason for Exchange
in Archaic Societies, Routledge, pp. 96-97, Reino Unido, 1990. [Versión en
castellano: Ensayo sobre el don, Katz Editores, Argentina, 2011.]
Eran
préstamos que tenían un propósito productivo. Las semillas producían un
incremento de su número. En época de cosecha, de un modo muy conveniente la semilla
podía devolverse con intereses. Una parte o la totalidad de la progenie de un
animal podía devolverse con el ganado prestado
Nunca
lo sabremos con absoluta certeza, pero podemos suponer que el concepto de
interés en su sentido moderno nació de este tipo de préstamos productivos.31
El
cobro de un interés por el préstamo de animales de granja continuó hasta los
tiempos modernos. A comienzos del siglo XIX, en los nuevos territorios
conquistados de Estados Unidos, las vacas y las ovejas solían venderse a cuenta,
«bajo los términos de duplicar el número así transferido, para devolver en
cuatro o cinco años». 32 Al afirmar que los tipos estaban regulados por «la
proporción en que la leña de los bosques europeos aumenta debido a su
crecimiento anual [...] a una tasa de un 3 o 4 por ciento. En consecuencia, el
interés en estos países no puede caer por debajo de esa tasa», el economista
decimonónico alemán Karl Arnd también sugirió esta conexión entre el interés y
la productividad de la naturaleza. De modo similar, Irving Fisher escribe:
“En
gran medida, la naturaleza es reproductiva. En muchos casos, cultivar los
campos y cuidar de los animales permite dotar al futuro de mayor riqueza que el
presente. En lugar de cortar prematuramente los árboles o agotar los campos,
los hombres pueden obtener más de los bosques o la granja si saben esperar. La
productividad de la naturaleza tiene una fuerte tendencia a seguir el ritmo del
tipo de interés.33
A
lo largo de los años, la conexión lingüística entre un préstamo y su fecundidad
natural se fue haciendo más abstracta. La palabra usura se
deriva
del latín usuarius, que significa ‘aquel que tiene el uso, pero no
la
propiedad, de una cosa’.34 En el siglo XVII, aún se consideraba que un
préstamo
era un «uso» del dinero
COMBINACIÓN BABILÓNICA
Nuestro
conocimiento de las primeras prácticas financieras sobrepasa la mera
especulación gracias a la cultura mesopotámica, que registraba los préstamos en
tablillas de arcilla. Como ocurre en los documentos actuales, aquellas
tablillas recogían los nombres del acreedor y el deudor, la cantidad del
préstamo, su fecha y el vencimiento del pago, y, en la mayoría de los casos, la
cantidad del interés que se imponía
Como
garantía para los préstamos se exigían distintos tipos de avales, que podían
adoptar la forma de viviendas, tierras y esclavos. En un caso en particular, el
prestamista toma como aval a la mujer del prestatario para que viva en su casa;
un ejemplo temprano de esclavitud por deudas
Durante
la Antigüedad, en concreto en el tercer y segundo milenios A. C., las
transacciones crediticias eran habituales en Oriente Próximo
El
interés solía pagarse en el mismo producto utilizado para el préstamo, normalmente
plata o cebada. También podía pagarse en especie, en otro tipo de mercancía
(leña, dátiles, etcétera) o con la prestación de un servicio.35 Cada tablilla
se marcaba con un sello ante la presencia de un testigo. Muchos préstamos
derivaban en impagos, y a menudo las disputas entre acreedores y deudores
terminaban en los tribunales. De hecho, como cuando el préstamo se amortizaba
las tablillas se destruían, los registros arqueológicos sólo recogen las deudas
impagadas; de las cuales parecía haber una gran cantidad
Un
documento de préstamo datado en el siglo XXIV A. C. describe que un cierto
número de individuos debían 720 litros de cebada por cabeza, entre ellos Lugid,
«el hombre de la leva»; Igizi, el herrero; U’u, el portero de KA.KA; Eki, el
sacerdote; y Kikuli, el pastor; a los que siguen una gran variedad de
personajes.36 Si tenemos en cuenta que la ración mensual de cebada que los
templos distribuían entre los hombres era de 60 litros (las mujeres recibían 30
litros), estos préstamos equivalían al suministro de comida para todo un año,
un importe nada despreciable. Uno de los deudores, Gugish, «el supervisor de
los siervos», debía la enorme cantidad de 9.360 litros de cebada, que equivale a
trece años de raciones. El proveedor de estos préstamos aparece registrado como
Amarezem de Urnu, que quizás fuera un empleado de palacio que ofrecía el
crédito en representación de esa institución, o tal vez fuera una persona
particular. 37 En esta instancia no se menciona el interés, pero es probable
que llevara un tipo del 33,33 por ciento, la tasa estandarizada para los
préstamos de cebada en la mayoría de las tablillas
No
sabemos por qué estas personas tenían la necesidad de pedir prestado. Si se
hubiera producido una mala cosecha, la cebada habría sido necesaria para evitar
que la gente muriera de hambre; y los historiadores coinciden en que los
préstamos de cereal solían destinarse al consumo. Por otro lado, la cebada
podría haberse utilizado para sembrar las semillas. De hecho, en Mesopotamia el
crédito cumplía con una amplia variedad de fines. El ganado y muchas mercancías
— como la cebada, los juncos, los troncos de leña y los bulbos vegetales— se vendían
a crédito. 38 Había préstamos para adquirir viviendas y esclavos, para poner en
marcha iniciativas empresariales y también para el consumo
La
región carecía de muchas materias primas y tenía que importar madera de cedro,
mármol, cobre y yeso, por los que pagaba con exportaciones de textiles, aceite
de sésamo, maíz y dátiles. 39 Algunos oficios internos, como la cerámica, el
tejido y la fabricación de joyas y productos de caña, dependían del comercio
internacional. 40 En muchos casos, el comercio exterior se financiaba con
créditos. Desde finales del tercer milenio A. C., hay registros de préstamos de
plata a socios comerciales. Los préstamos mercantiles tenían un interés más
elevado, pero si el negocio fracasaba, el principal no tenía que devolverse; este
tipo de créditos se asemeja a los préstamos a la gruesa ventura (destinados a
los mercaderes marítimos), habituales en la antigua Grecia y la Edad Media
El
cálculo del interés requiere una medición estandarizada del tiempo y el valor.
El calendario sumerio incluía treinta días por mes, y doce meses por año.* El
tiempo, la distancia y el peso, y también el dinero y el interés, se medían en
fracciones de sesenta; un número que se prestaba a los cálculos más simples, ya
que es la cifra más baja que puede dividirse por los seis primeros números
enteros. 41 Pero averiguar cuál era la tasa de interés que correspondía aplicar
podía ser una tarea compleja. Los estudiantes aprendían a calcular el tipo de
interés de un préstamo en el que tanto el principal como el interés aparecían
combinados. 42 En aquellos viejos tiempos babilónicos, un examen exigía a un estudiante
responder a la siguiente pregunta: «Con 1 gur de interés; ¿en cuántos años
serán iguales el interés y el capital?».** Según dicen: «Los cálculos extraños
son una de las características de las matemáticas en Babilonia».43
El
prestamista podía establecer por contrato el cobro de un interés mediante la
prestación de servicios laborales, realizados por el propio prestatario, un
miembro de su familia o un esclavo; una práctica conocida como «interés anticrético». Cuando el interés se pagaba
tomando posesión del aval, como una parcela, aquel acto era equivalente a un alquiler
o a un arrendamiento de capital moderno. Esta antigua conexión entre el interés
y el alquiler todavía se refleja en la palabra alemana
Zins (‘interés’), que se deriva
de censo o alquiler. La expresión francesa para referirse a los préstamos
públicos, rentes, apareció cuando la monarquía francesa pidió un crédito
presentando como aval los alquileres del Hôtel de Ville en París. De ahí se
deriva el término rentier, una persona que vive
de cobrar intereses
En
Babilonia, algunas deudas eran transferibles y heredables. El historiador
Morris Silver escribe: «En la Asiria del siglo XV [A. C.], las tablillas de
deudas se compraban y vendían en el mercado».44 Los préstamos se hacían para
distintos períodos. En muchos casos, el vencimiento se fijaba después de la
época de cosecha. Algunos eran préstamos a la vista, y se pagaban a petición
del acreedor. En un ejemplo de comienzos del segundo milenio a. C., encontrado
en la ciudad de Sippar, se establece que el préstamo debe devolverse «en cuanto
[el acreedor] lo pida». 45 En otro caso, también de comienzos del segundo
milenio, un mercader reclama un pagaré de otro comerciante con el fin de saldar
una deuda. 46
En
el segundo milenio ya se observa algo que se parece a una red de crédito. El
nombre de Balmunamhe, un comerciante de Larsa, aparece en varios documentos,
junto con el de otros mercaderes como Puqum, Nur-Kubi, Warad-Sibi y Gimillum —
este último llamado como testigo en la compra de una casa efectuada por
Balmunamhe en el undécimo año del reinado de Warad-Sin (1770-1758 a. C.)—. 47
Muchos de estos banqueros - comerciantes vivían en el mismo distrito de la
ciudad de Larsa. Además de comerciar con esclavos, que también alquilaba a
terceros y que recibía como garantía de sus créditos, Balmunamhe era un
personaje destacado que prestaba dinero y cebada por un interés. También
ofrecía barcos en alquiler. Este gran mercader comerciaba con viviendas y, con
el tiempo, adquirió una finca de enormes dimensiones en un pueblo bautizado en
su honor. Con estas actividades, Balmunamhe representaba al típico tankarum de
la antigua Babilonia, un comerciante, aunque operaba a mayor escala que casi
todo el resto
Había
muchas mujeres prestamistas y prestatarias. 48 En los registros históricos, una
mujer de Ur presta plata y cebada a tres socios para que puedan alquilar un
barco y una tripulación para un viaje marítimo.49 En la Assur del siglo XIII,
una mujer que se dedicaba a los negocios pagó un pedido de ladrillos con letras
de crédito, con la promesa de suministrar lana a cambio. 50 Otro préstamo
proporcionaba cebada a «las molineras». 51 En Seppar, las sacerdotisas de la
diosa del Sol, Samas, realizaban numerosas operaciones de crédito: prestaban
plata y esclavos, financiaban los viajes de los comerciantes y oficializaban
los contratos correspondientes. 52 Parece ser que estas sacerdotisas, conocidas
como nadita, expulsaron a los comerciantes varones del negocio del crédito, y en
el proceso amasaron grandes fortunas, además de adquirir tierras, jardines y
casas de lujo, que después alquilaban.53
Se
ha dicho que «las finanzas nacieron en las sombras de la santidad».54 En un
primer momento, durante la Antigüedad, en Oriente Próximo los templos fueron
los principales proveedores de crédito. Los palacios también ofrecían crédito.
Estos acreedores institucionales usaban el interés de los préstamos para
redistribuir los recursos, ya que ofrecían raciones de comida a las viudas, los
huérfanos y demás. Con el tiempo, el trabajo de recaudar los impuestos y conceder
crédito empezó a recaer en intermediarios. Algunos de estos comerciantes se
hicieron muy ricos
En
el período neobabilónico del primer milenio a. C., la familia Egibi proporcionaba
un abanico de servicios bancarios y comerciales: aceptaba depósitos, ofrecía
préstamos, liquidaba las deudas de los clientes y especulaba con materias
primas. Los Egibi, que adquirieron fincas gigantescas y se convirtieron en
altos funcionarios del gobierno, fueron los Rothschild de Oriente Próximo
durante la Antigüedad.55
LA OCTAVA MARAVILLA DEL MUNDO
Los
mesopotámicos inventaron lo que, según cuenta la leyenda, Einstein calificó
como «la octava maravilla del mundo»; o sea, el interés compuesto.* Un cono de
arcilla cubierto de inscripciones cuneiformes registra una disputa fronteriza
entre Lagash y Umma, dos ciudades-Estado vecinas del sur de Mesopotamia. Este
documento fue redactado en nombre de Enmetena, un gobernante de Lagash anterior
al 2400 a. C. El documento afirma que unas cuatro décadas atrás, Umma había
ocupado unas tierras agrícolas que pertenecían a Lagash, y que en aquel momento
accedió a efectuar un pago anual de 300 gurus (litros) de cebada a esta segunda
ciudad por el terreno. Pero Umma no había cumplido con sus obligaciones.
Enmetena recuperó el territorio en disputa y exigió un pago retroactivo por el
cereal que no se había entregado. Según Enmetena, esta deuda acumulaba un
interés compuesto a una tasa del 33,33 por ciento anual que ascendía a 4,5
billones de litros de cebada; una suma inabarcable. ** Aquellos impagos
tuvieron como resultado la guerra entre las dos ciudades.56
El
documento Enmetena señala un viejo y persistente problema asociado al interés.
Esto es, cuando una deuda se va acumulando con el interés, puede llegar a ser
impagable. Los sumerios tenían una expresión para el interés
compuesto, mash, que hace referencia al ganado que se multiplica por sí
solo, por lo que la deuda se acumula hasta llegar al infinito. 57 El problema
de la deuda que se acumula en progresión geométrica nunca ha perdido su poder
de fascinación. Como calculó el filósofo inglés Richard Price a finales del
siglo XVIII: «Un penique [...] con un interés compuesto del 5 por ciento en el
nacimiento de nuestro Salvador, habría aumentado, en nuestra época (o sea,
1.773 años después), hasta convertirse en más dinero del que podrían contener
150 millones de orbes, cada uno igual a la Tierra en magnitud, y todos de oro
puro». Karl Marx citaba con aprobación los cálculos de Price (como también
hacía Proudhon en su debate con Bastiat).58
Exacerbadas
sin duda por los horrores del interés compuesto, las crisis de deuda fueron un
hecho habitual en la historia de Mesopotamia
Quizás
no sea coincidencia que Enmetena de Lagash también fuera el primer gobernante
del mundo antiguo que proclamó una cancelación de la deuda. Después de la
primera quita de Lagash, llegaría una segunda apenas cincuenta años después. El
quincuagésimo año también era el señalado en el libro del Levítico para
proclamar cancelaciones de deuda y hacer borrón y cuenta nueva en el Israel de
la Antigüedad. Más adelante, en Babilonia, las condonaciones de deuda se
anunciarían tradicionalmente al inicio de un nuevo reinado.* Más tarde, las
quitas generalizadas también llegarían a la antigua Grecia y, más adelante aún,
a Roma. En el 594 a. C., el ateniense Solón, conocido como «el Legislador»,
anunció que era el momento de «quitarse las cargas de encima»
Solón
ordenó la destrucción de las piedras hipotecarias (horoi) que registraban la
existencia de una vivienda endeudada, lo cual liberaba a los ciudadanos de la
esclavitud de sus deudas. También redujo los tipos de interés. 59 Aristóteles
afirma que antes de estas reformas, «los pobres, junto con sus hijos, estaban
esclavizados por los ricos». 60
Resulta
curioso que el texto jurídico más antiguo del que tenemos noticia, el Código de
Hammurabi, que se remonta al 1750 a. C., exprese una profunda preocupación por
la cuestión del interés. El rey de Babilonia incluyó en el Código las prácticas
crediticias existentes con los tipos de interés habituales, y las dejó escritas
para la posteridad. Literalmente, además, ya que el Código ha sobrevivido hasta
nuestros días grabado en escritura cuneiforme en una estela de basalto. El tipo
de interés más elevado para los préstamos de plata se estableció en el 20 por ciento,
y para la cebada en el 33,33 por ciento. Había castigos para los acreedores que
cobraran un tipo de interés más elevado, olvidaran restar del principal los
pagos ya realizados, usaran balanzas fraudulentas o exigieran un interés
compuesto. También se concretaron las condiciones para presentar a seres
humanos como garantía. El Código establece asimismo que después de una
inundación o sequía que arruine la cosecha, el interés debe perdonarse.61
Una
cosa es redactar una normativa financiera, otra muy distinta conseguir que la
gente se comporte según lo establecido por ley. Lo que hoy llamamos «arbitraje regulatorio» — es decir, el intento de
evadir la legislación por parte de los profesionales financieros— es tan viejo como
la propia ley. Hammurabi había limitado los tipos máximos permitidos, pero no
concretó el período afectado. Los acreedores podían aplicar el tipo máximo
permitido durante un tiempo muy breve, como un mes, por ejemplo, para que en el
cómputo anual se convirtiera en un porcentaje extremadamente elevado. Como los
recargos que hoy exigen los proveedores de tarjetas de crédito, en Babilonia un
préstamo exigía una penalización por demora de un 260 por ciento anual. 62 En
Ishchali se registró un préstamo en un libro de contabilidad en el que las
condiciones estaban por determinar, lo cual «iba muy bien para ocultar el cobro
del interés y el tipo verdadero según la política de mercado del rey». 63 Los
intentos de esquivar estas normativas financieras crearon la necesidad de
aumentar la regulación. Por ejemplo, un edicto del siglo XVII A. C. legislaba
contra el intento de disfrazar un préstamo con intereses bajo la apariencia de
un adelanto por la compra de mercancías. 64
EL NIVEL DE LOS TIPOS DE INTERÉS
Uno
de los problemas más desconcertantes en el ámbito de las ciencias económicas
sigue siendo cómo se determina el nivel de los tipos de interés
Hay
quien cree que el tipo de interés se deriva de los beneficios de los activos
reales; el excedente que produce una tierra de cultivo, la rentabilidad de una
empresa industrial o, en términos más generales, el crecimiento de la
productividad en el conjunto de la economía. Otros lo vinculan con la tasa de
crecimiento de la población y los cambios en la renta nacional (la variación
anual del PIB que se deriva de los cambios en la población y la productividad).
También hay quien defiende que el tipo de interés refleja la impaciencia
colectiva de la sociedad o su preferencia temporal, mientras que otros
sostienen que está condicionado sobre todo por factores monetarios
Ninguna
de estas teorías sobre la fijación de los tipos cuenta con el respaldo de las
antiguas tradiciones. Como hemos visto, en Babilonia los tipos adoptaban dos
valores estandarizados (20 por ciento para la plata y 33 por ciento para la
cebada), unos porcentajes que se mantuvieron invariables durante siglos; como
mínimo, desde el período temprano de Ur III hasta la muerte de Hammurabi (c.
2100-1750 a. C.)
La
gran estabilidad de los tipos de interés en Babilonia sugiere que no sólo
estaban determinados por factores económicos.65 Los tipos de interés en la
antigua Grecia también se mantuvieron estables durante cientos de años. Del
siglo V al II A. C., el tipo de interés exigido en los préstamos que concedía
el templo de Apolo en la isla de Delos era del 10 por ciento. 66
Con
el paso de los siglos, en el mundo antiguo los tipos de interés fueron bajando
de forma sustancial, pero esa tendencia descendente a largo plazo parece más
determinada por los cambios en el sistema estandarizado de medición que por
factores económicos. Con el sistema sexagesimal de Babilonia, el tipo de
interés de los préstamos de plata era de una sexagésima parte, y se pagaba una
vez al mes. Los griegos, que introdujeron el sistema decimal, imponían un tipo
estandarizado del 10 por ciento anual. Con el sistema duodecimal de los
romanos, el interés solía representar una duodécima parte del principal, o un
8,33 por ciento anual.67
Keynes,
que estudió la historia monetaria de Babilonia mientras realizaba la
investigación para su Tratado sobre el dinero, creía que los tipos de interés
estaban determinados por la costumbre, y no por las fuerzas del mercado. En
palabras de una de sus discípulos, Joan Robinson, el interés tiene «una sonrisa
de oreja a oreja [...] que sigue ahí después de que las circunstancias que la
hicieron aflorar en el pasado se hayan desvanecido por completo».68 Marx
mantenía un punto de vista similar cuando escribía que «las costumbres, la
tradición jurídica, etcétera, tienen tanto que ver con la determinación del
tipo de interés medio como la propia competencia».69
Según
los datos de las prácticas crediticias desde el tercer hasta el primer milenio
a. C., la conclusión de Marx parece razonable. A la hora de fijar el nivel de
los tipos de interés, las costumbres han seguido teniendo su importancia
incluso en el mundo moderno. Como observan Homer y Sylla: Hasta hace poco, en
Estados Unidos había muchos tipos de interés que fluctuaban con gran lentitud.
La tradición del 6 por ciento perduró como mínimo durante dos siglos. Los
límites a la usura permanecieron sin variaciones hasta la década de 1960. Los
intereses de los préstamos bancarios que cobraban las entidades que estaban
alejadas de los centros del mercado del dinero y del big business fueron
relativamente estables durante largos períodos. 70
Una
investigación reciente del Banco de Pagos Internacionales (BPI) indica que los
tipos de interés durante los últimos cien años estaban más influenciados por la
naturaleza de los distintos regímenes monetarios (patrón oro, patrón cambio
oro, Bretton Woods y estándar dólar) que por factores económicos como el ahorro
individual y las decisiones de inversión. 71
Sin
embargo, también parece claro que los tipos de interés de la Antigüedad no sólo
estaban determinados por las leyes y las costumbres. Morris Silver defiende que
en la Antigüedad un préstamo de mercado respondía a los cambios en la oferta y
la demanda de crédito.*
Como
hemos visto, en Mesopotamia había muchos prestamistas privados. Quizás fuera un
ejemplo temprano de préstamos públicos subvencionados, o tal vez los templos
atraían a una clase de deudores más selectos; al fin y al cabo, nadie quiere
dejar de pagar a un dios. Puede que el tipo más elevado de los préstamos de cebada
reflejara que se concedían en momentos en que el cereal escaseaba y que los
créditos debían amortizarse después de la cosecha, cuando la cebada era barata y
abundante. 72
A
pesar de la estabilidad a largo plazo de lo que podría llamarse el tipo de interés
«de referencia» en el mundo antiguo, también hay pruebas de que las tasas del
mercado variaban con el tiempo y el lugar
En
el período neobabilónico, tenemos noticia de unos tipos de interés tan bajos
como el 5 por ciento y tan altos como el 240 por ciento. 73
Los
tipos más altos incluían una prima de riesgo, mientras que los préstamos a
socios comerciales, denominados harranu, ofrecían un rendimiento elevado, de
hasta un 40 por ciento (pero si el barco se perdía
en
el mar, el principal no tenía que devolverse). 74 Los tipos de interés en los
puestos comerciales asirios de la Capadocia eran más altos que en Mesopotamia.
Los grandes comerciantes pagaban un tipo de interés más bajo que los
solicitantes menos adinerados,75 mientras que la prima incluida en el interés
de los préstamos de cebada ofrecía algún tipo de garantía ante el riesgo de un
decreto real que cancelara todas las deudas. 76
Está
claro que ya fuera en el mundo antiguo o en períodos más recientes, los tipos
de interés no estaban correlacionados con el crecimiento económico. Se ha
calculado que durante el primer milenio de nuestra era, el crecimiento
económico global era de un mero 0,01 por ciento anual. No obstante, durante
esos mil años, los tipos de interés reales en Europa oscilaron entre el 6 y el
12 por ciento. 77 Tampoco observamos ninguna conexión entre los tipos de
interés y los cambios demográficos. De hecho, a menudo el crecimiento de la
población y los tipos de interés han adoptado direcciones opuestas. 78
La
idea de que el tipo de interés está determinado por factores económicos
«reales», en contraposición a los monetarios, fue planteada por el filósofo
escocés David Hume en su influyente ensayo «Del interés» (1752). 79 Sin
embargo, cuando observamos la historia antigua, su afirmación de que los tipos
de interés no se ven afectados por los cambios en la oferta monetaria no se
sostiene. Después de que Alejandro Magno confiscara y repartiera grandes
cantidades del oro y la plata de Persia, los precios subieron y los tipos de
interés bajaron. 80 En Los doce césares, Suetonio describe que cuando el
emperador Augusto llevó a Roma el tesoro que pertenecía a los reyes de Egipto,
el dinero abundaba y los tipos de interés cayeron del 6 al 4 por ciento. 81
Después de la muerte de Augusto, el emperador Tiberio hizo acopio de dinero,
con el resultado de que los tipos de interés subieron por encima del límite
legal, hasta desatar una crisis bancaria en el 33 d. C. Tiberio decidió
entonces prestar el tesoro imperial a las familias patricias sin cobrarles
intereses, lo que provocó el descenso inmediato de los tipos y puso punto final
a la crisis. 82 Sus acciones representan la primera experiencia en el mundo de
expansión cuantitativa.*
En
pocas palabras, la historia antigua del interés no ofrece pruebas sólidas a
favor de una interpretación particular del modo en que se fijaban los tipos.
Por supuesto, las leyes y las costumbres desempeñaban un papel importante
Pese
a que los cambios puntuales en la oferta monetaria también parecen haber
influido en los tipos de interés. Las fuerzas del mercado también entraban en
juego, al menos en cierta medida. Las vemos actuar cuando observamos la
variedad de tipos en oferta y la prima de riesgo que se incluía en ciertos
préstamos. 83 Como grandes acreedores, los templos y los palacios tenían
influencia en la oferta de crédito y su precio (el interés), igual que hace un
banco central en la actualidad. La gran diferencia es que en el mundo antiguo
los préstamos se ofrecían en una mercancía, como la plata, mientras que en la
actualidad los bancos centrales son capaces de crear dinero fíat de la nada. En
el siglo XXI, las autoridades pueden manipular los tipos de interés con mucha
más facilidad que en la Antigüedad
Böhm-Bawerk
afirmó que el nivel cultural de un país se ve reflejado en su tipo de interés.
En el mundo antiguo, los tipos de interés marcaron el curso de las grandes
civilizaciones. A lo largo de los siglos, en Babilonia, Grecia y Roma, los
tipos de interés adoptan una forma de U; van bajando cuando las civilizaciones
se establecen y son cada vez más prósperas, y suben de repente en los períodos
de derrota y decadencia. 84
Los
tipos de interés ultrabajos parecen haber señalado la calma antes de la
tempestad. En la primera etapa neobabilónica (700-630 a. C.), los tipos de los
préstamos de plata descendieron a un mínimo del 8,33 por ciento. A comienzos
del siglo V A. C., justo después de que Babilonia cayera en manos de los
persas, los tipos se dispararon por encima del 40 por ciento.85 De modo
similar, los tipos de interés en la Holanda del siglo XVIII llegaron a su punto
más bajo poco antes de que la República Holandesa fuera invadida por la Francia
revolucionaria. Si pensamos en los tipos de interés tan bajos de comienzos del
siglo XXI, la visión no es muy tranquilizadora.
Tipos
de interés en el mundo antiguo
5000
a. C. 1000 700 600 400 300 200 500 100 a. C. 100 d. C.200 300 400 500 d. C.
Tipos
de interés mínimos en la Edad Antigua. La tendencia de los tipos de interés en
Babilonia,
Grecia y Roma siguieron un patrón en forma de U: van bajando cuando las
civilizaciones se establecen y son cada vez más prósperas, y suben de repente
en los períodos de derrota y decadencia
Fuente:
Homer y Sylla, A History of Interest Rates
LA NECESIDAD DEL INTERÉS
Adam
Smith declaró que los seres humanos tienen una «propensión al intercambio, el
trueque y el canje». También parece que tienen la misma propensión a prestar y
pedir prestado, y a cobrar un interés cuando lo hacen. Los antropólogos ya no
aceptan la idea de que el dinero nació para reemplazar al trueque, como
pensaban los economistas clásicos, Smith incluido. No hay ninguna prueba del
«mito del trueque al dinero». Al contrario, parece probable que el crédito
precediera al dinero, y que las primeras formas de préstamo llevaran un interés.
86
Resultan
muy destacables las numerosas semejanzas entre el interés en la Antigüedad y en
los tiempos modernos. Tenemos una amplia variedad de formas de crédito con
distintos tipos de interés: desde préstamos de cereal a las taberneras hasta
préstamos de plata a los comerciantes. Había muy diferentes tipos de interés
que reflejaban distintos grados de riesgo: el elevado coste de los préstamos
harranu para los comerciantes marítimos incluía una prima de seguro contra el
peligro de naufragio. Asimismo había que hacer cálculos imposibles para
determinar los tipos, similares a los que hoy hacen los ordenadores. La
aparición de redes de crédito controladas por poderosos financieros es tan moderna
que incluso impresiona. Lo mismo puede decirse de las crisis periódicas de
deuda y de los infatigables esfuerzos por tratar de evadir los controles
financieros. Un banquero de Wall Street que aterrizara en la antigua Larsa, en
el siglo XVII A. C., descubriría muchas cosas que le parecerían familiares
El interés nació de la combinación de la necesidad y la
avaricia. Estaba presente en una etapa tan
temprana de la civilización humana porque la oferta de capital era escasa. Los
templos y los palacios tenían gastos elevados y necesitaban cobrar los
impuestos y tributos a tiempo
Por
eso cuando los pagos se retrasaban cargaban un interés, igual que hoy hacen las
autoridades fiscales. Al exigir un interés por los préstamos, estas
instituciones públicas estaban en realidad racionando sus recursos. Los
préstamos de cebada se destinaban a los hambrientos y los campesinos que
necesitaban semillas para sembrar cereal. Los prestamistas, públicos y
privados, podían cobrar un interés porque la riqueza estaba distribuida de
forma desigual y poseían el control de unos recursos que otras personas — por
ejemplo, una ambiciosa tabernera— querían pedir prestados, al mismo tiempo que
estaban dispuestas a pagar por el privilegio.
El
historiador económico William Goetzmann escribe: «El nacimiento del interés
para incentivar el crédito es la innovación más significativa de la historia de
las finanzas».87 Esta idea está bien planteada
Las
finanzas permiten a las personas negociar en el tiempo. El campesino pide
cebada prestada para sembrar sus campos, pero antes de poder pagar su deuda
debe esperar hasta la cosecha. Los procesos industriales — incluso en un sector
basado en la artesanía, como en el Oriente Próximo de la Antigüedad— requieren
un tiempo de fabricación, desde la materia prima hasta la venta del producto
terminado. Un texto mesopotámico del tercer milenio revela que la preparación
del tejido requería más de un año.88 El comercio exterior consume una gran
cantidad de tiempo. Cuando el capital está vinculado a la industria o el
comercio, los tipos de interés guardan algún tipo de relación con el tiempo
empleado en la producción
En
cualquier sociedad en la que hay propiedad privada, ya sea en Mesopotamia o en
civilizaciones recientes, el pago de un interés es necesario para animar a la
gente a prestar sus recursos. Sin el interés, no tendrían otro remedio que
seguir acumulando capital. En la antigua Babilonia, una persona con sobrados
recursos podía escoger entre comprar tierras y trabajarlas o prestar su dinero
a una tercera parte, que entonces podía usar el crédito para adquirir una
granja
Parece
obvio que el tipo de interés y la productividad del capital, en este caso el
excedente de la granja, debían mantener alguna relación entre sí
El
interés resulta necesario para adjudicar un valor a los activos de larga
duración, como la vivienda. La Sumeria antigua y las civilizaciones que la
sucedieron levantaron las primeras grandes ciudades de la historia. Desde el
tercer milenio en adelante, existía un mercado para los edificios de propiedad
privada. Como las casas podían comprarse a crédito y alquilarse, era natural
que las hipotecas ofrecieran algún rendimiento. Resulta destacable que cuando
el emperador Augusto inundó Roma con el tesoro imperial, los tipos de interés
cayeran y los precios de la vivienda subieran. Poco ha cambiado desde entonces.
Dos milenios después, los mercados inmobiliarios siguen siendo muy sensibles a
los cambios en la oferta monetaria y los tipos de interés
Como
escribió el inglés Nicholas Barbon a finales del siglo XVII: «El interés es la
renta de las existencias [o sea, del capital], y es lo mismo que la renta de la
tierra: el primero es la renta de las existencias producidas o artificiales; el
segundo, de las naturales y no producidas»89
En
los tiempos de Barbon, la notación de los intereses se hacía con la fórmula
«@rentas». 90 Durante el siglo siguiente, el político y economista francés
Anne-Robert Jacques Turgot desarrolló la idea de Barbon: «Todo capital en la
forma de dinero [...] es equivalente a una parcela de tierra que produce unos
ingresos iguales a un porcentaje concreto de esta suma».91 Para Turgot, el
mundo de las finanzas era un espejo ante el mundo, con activos reales y
financieros que podían intercambiarse entre sí. Si la tierra, los edificios y
las fábricas producen ingresos, el dinero también debe ofrecer un interés. A
menudo los economistas modernos subestiman una idea tan importante
Para
los políticos del siglo XXI, los tipos de interés sólo son una palanca que
utilizan para controlar la inflación y modificar la producción económica. Sin
embargo, el conocimiento del origen babilónico del interés debería provocar una
profunda reflexión. El interés nos acompaña desde la Antigüedad porque los
recursos siempre han sido escasos y deben racionarse de algún modo; porque la
riqueza está distribuida de forma desigual entre acreedores y deudores; y
porque, como dijo BöhmBawerk: «El interés es el alma del crédito». El interés
existe porque los préstamos son productivos, e incluso cuando no lo son, aún
tienen valor. Existe porque aquellos que poseen el capital necesitan un
incentivo para prestarlo, y porque el crédito es un negocio arriesgado. Existe
porque la producción tiene lugar en el tiempo y los seres humanos son
impacientes por naturaleza
Las
primeras generaciones de economistas, que estudiaron el problema del interés
con mayor profundidad que sus colegas del siglo XXI, no tenían ninguna duda de
su importancia. Para Böhm-Bawerk, el interés era «una necesidad orgánica». 92
Irving
Fisher decía que el interés «es un fenómeno demasiado omnipresente para ser
erradicado». 93
De
modo similar, Joseph Schumpeter declaró que el interés «impregna, por así
decirlo, todo el sistema económico». 94
El
autor de Das Kapital, un declarado enemigo del interés, estaba de acuerdo con este
acérrimo defensor del capitalismo. En una frase evocadora del mundo antiguo en
el que se registró por primera vez un recargo por prestar dinero, Marx escribe
que «la usura vive en los poros de la producción, por así decirlo, igual que
los dioses de Epicuro vivían en el espacio entre los mundos».95
Quisimos
mostrar una pequeña introducción para que usted; estimado lector pueda
visualizar este importante trabajo de investigación y pueda adquirirlo en la
librería más cercana a su domicilio
DE LA PRESTIGIOSA COLECCIÓN:
Economía, Historia Económica,
Sociología Económica y Teoría Económica
ÍNDICE:
Sumario
Lista
de imágenes
Introducción:
El anarquista y el capitalista
PRIMERA PARTE
DE INTERÉS HISTÓRICO
1.
Nacido
en Babilonia
2.
Vender
tiempo
3.
La
bajada del tipo de interés
4.
La
quimera
5.
John
Bull no soporta el 2 por ciento
6.
Un
chorrito de whisky
SEGUNDA PARTE
CÓMO LOS TIPOS BAJOS ENGENDRARON
UNOS TIPOS AÚN MÁS BAJOS
7.
La
ley de Goodhart
8.
Estancamiento
secular
9.
El
cuervo de Basilea
10.
Selección
antinatural
11.
El
beneficio del promotor
12.
Una
burbuja muy gorda y muy fea
13.
Tu
madre tendría que morir
14.
Que
se alimenten de crédito
15.
El
precio de la ansiedad
16.
Dinero
oxidable
TERCERA PARTE
EL JUEGO DE LAS CANICAS
17.
El
padre y la madre de todos los males
18.
Represión
financiera con características chinas
Conclusión:
Un
nuevo camino de servidumbre
Epílogo:
El
mundo al revés
Agradecimientos
Bibliografía escogida
LISTADO DE CITAS:
29. Van de Mieroop traduce más como
«oveja», véase Mieroop, Marc van de, «The Invention of Interest: Sumerian
Loans», en The Origins of Value: The Financial Innovations that Created Modern
Capital Markets, editado por W. N. Goetzmann y K. G. Rouwenhorst, Oxford
University Press, p. 24. Estados Unidos, 2005
30. Homer, Sidney; y Sylla, Richard, A
History of Interest Rates, p. 18, Estados Unidos, 1996 deriva de pecus, ‘un
rebaño’. La palabra capital viene de caput, ‘una cabeza de ganado’. Según
Sydney Homer y Richard Sylla, estas derivaciones implican que el interés se
originó con «los préstamos de semillas y animales»:
31. Ibídem.
32. Rae, John, Statement of Some New
Principles on the Subject of Political Economy, Exposing the Fallacies of the
System of Free Trade, and of Some Other Doctrines Maintained in the «Wealth of
Nations», Hillard, Gray, and Co., p. 194, Estados Unidos, 1834.
33. Fisher, Irving, The Theory of
Interest: As Determined by Impatience to Spend Income and Opportunity to Invest
It [1930], en The Works of Irving Fisher, vol. IX, Barber, William (ed.),
Routledge, p. 193, Reino Unido, 1997. [Versión en castellano: La teoría del
interés, Aosta Ediciones, Madrid, 2012.]
34. Oxford English Dictionary, edición de
1973
35. Wunsch, Cornelia, «Debt, Interest,
Pledge and Forfeiture in Neo-Babylonian and Early Achaemenid Period: The
Evidence from Private Archives», en Debt and Economic Renewal in the Ancient
Near East, Hudson, Michael; y Mieroop, Marc Van de (eds.), Pennsylvania State
University Press, Estados Unidos, 2002
36. Mieroop, op. cit.
37. Silver, Morris, Economic Structures
of Antiquity, Bloomsbury Academic, p. 110, Estados Unidos, 1995.
38. Wunsch, op. cit.
39. Leemans, W. F., The Old Babylonian
Merchant: His Business and His Social Position, E. J. Brill, p. 3, Países
Bajos, 1950.
40. Mieroop, Marc Van de, The Ancient
Mesopotamian City, Oxford University Press, p. 179, Reino Unido, 1999.
* Los préstamos de plata se hacían al
peso, y los de cebada por volumen. Una mina de cebada valía unos 60 shekels. El
interés de la plata se pagaba a una tasa de un shekel por mina (1/60 al mes, o
20 por ciento al año). Había una tasa de cambio fija entre la plata y la
cebada.
41. Waugh, Alexander, Time: From Micro
seconds to Millennia: The Search for the Right Time, Headline Publishing, p.
21, Estados Unidos, 1999.
42. Mieroop, Marc Van de,
«Old-Babylonian Interest Rates: Were They Annual?», en Immigration and
Emigration within the Ancient Near East, Lerberghe, K. van; y Schoors, A.
(eds.), Peeters Uitgeverij, Bélgica, 1995.
** Con un 20 por ciento de interés, pagado
cada año y capitalizado, Leemans calcula que el principal se duplica con el
interés después de tres años y 283 1/3 días (Leemans, W. F., The Old Babylonian
Merchant: His Business and His Social Position, E. J. Brill, p. 15, Países
Bajos, 1950).
43. Muroi, Kazuo, «Interest
Calculations in Babylonian Mathematics: New Interpretations of VAT 8521 and VAT
8528», Historia Scientiarum, 1990.
44. Silver, op. cit., p. 114.
45. Ibídem,
p. 113.
46. Leemans, op. cit., p. 20.
47. Ibídem, pp. 65-66.
48. «En la Sumeria de finales del
tercer milenio, las mujeres de los gobernantes concedían préstamos, poseían rebaños
y participaban en el sector textil» (Silver, Morris, Economic Structures of the
Ancient Near East, Croom Helm, p. 42., Estados Unidos, 1986
49. Silver, Economic Structures of
Antiquity, p. 114.
50. Ibídem, p. 114.
51. Ibídem, p. 110.
52. Leemans, W. F., «The Rate of
Interest in Old-Babylonian Times», Revue Internationale des Droits de
l’Antiquité (1950).
53. Leemans, The Old Babylonian
Merchant, op. cit., p. 105.
54. Glotz, Gustave, Ancient Greece at
Work [1926], Literary Licensing, Estados Unidos, 2013.
55. Mieroop, Marc Van de, A History of
the Ancient Near East, Blackwell Publishing, p. 282, Reino Unido, 2007.
[Versión en castellano: Historia del Oriente Próximo Antiguo, Editorial Trotta,
Madrid, 2020.] Véase también Wunsch, op. cit., pp. 245-248.
* No hay ninguna prueba de que Einstein
hiciera este comentario. Según la web Quote Investigator, la primera referencia
conocida apareció en un anuncio de The Equity Savings & Loan Company
publicado en 1925 en el Cleveland Plain Dealer de Ohio: «La octava maravilla
del mundo... es el interés compuesto. Hace cosas con tu dinero. En Equity,
duplica tu dinero cada catorce años», <https:// quoteinvestigator .com/
2019/ 09/09/ interest/ >.
** William Goetzmann comenta que sería
equivalente a 580 veces la cosecha anual de cebada de Estados Unidos;
Goetzmann, William, Money Changes Everything: How Finance Made Civilization
Possible, Princeton University Press, p. 35. Estados Unidos, 2016.
56. Véase Mieroop, «Invention of
Interest», op. cit., p. 29.
57. Hudson, Michael, Killing the Host: How
Financial Parasites and Debt Bondage Destroy the Global Economy, Islet, p. 61,
Canadá, 2015. [Versión en castellano: Matar al huésped: Cómo la deuda y los
parásitos financieros destruyen la economía global, Capitán Swing, Madrid,
2018.] También más ga citado en Garfinkle, Steven, «Shepherds, Merchants and
Credit: Some Observations on Lending Practices in Ur III Mesopotamia», Journal
of the Economic and Social History of the Orient, 2004. Los babilonios
denominaban şibāt şibtim al interés compuesto; véase Muroi, Kazuo, «The Oldest
Example of Compound Interest in Sumer», arXiv, 2015.
58. Price, Richard, Observations on
Reversionary Payments [1783], en The Works of Richard Price, vol. V, p. 22,
Reino Unido, 1816. El químico inglés Frederick Soddy afirmaba que la deuda que
se va acumulando con un interés obedece más a las leyes de las matemáticas que
a las de la física. Soddy concluía: «El proceso del interés compuesto es físicamente
imposible», ya que con el tiempo conduce al infinito, un concepto matemático.
Véase Soddy, Frederick, Wealth, Virtual Wealth and Debt, George Allen &
Unwin, p. 79, Reino Unido, 1933.
* Hacer borrón y cuenta nueva limitaba los
disturbios sociales que estallaban cuando los prestatarios entraban en un
estado de esclavitud por deudas o sufrían el embargo de sus tierras por los
acreedores. Las leyes Misarum sólo afectaban a los préstamos al consumo
(cereal), mientras que las deudas comerciales (plata) no se veían afectadas.
Esto sugiere que los dirigentes estaban preocupados sobre todo por las
consecuencias sociales de una excesiva deuda personal (Hudson, Michael,
«Reconstructing the Origins of Interest-bearing Debt and the Logic of Clean
Slates», en Debt and Economic Renewal in the Ancient Near East, Hudson,
Michael; y Mieroop, Marc van de (eds.), Pennsylvania State University, p. 7,
Estados Unidos, 2020).
59. Divine, Thomas, Interest: An Historic
and Analytical Study in Economics and Modern Ethics, Marquette University
Press, p. 19, Estados Unidos, 1959.
60. Constitución de Atenas, 2.2, citado por
Finley, Moses, Economy and Society in Ancient Greece, Chatto & Windus, p.
156, Reino Unido, 1981. [Versión en castellano: La Grecia antigua: Economía y
sociedad, Booket, Barcelona, 2000.]
61. «Si un hombre tiene una deuda y Adad
[el dios de las tormentas] inunda su campo y se lleva toda su producción, o,
debido a la falta de agua, el cereal no ha crecido en los campos, ese año no
debe devolver ningún cereal al acreedor, quien debe modificar su tablilla del contrato
y no recibirá el interés de ese año.» Harper, Robert Francis, The Code of
Hammurabi, King of Babylon: About 2250 B.C. [1904], Wipf and Stock, Estados
Unidos, 2007.
62. Mieroop, «Old-Babylonian Interest
Rates», p. 362.
63. Silver, op. cit., p. 111.
64. Ibídem.
65. Véase Hudson, Michael, «How
Interest Rates Were Set, 2500 bc to 10 ad: Máš, Tokos and Fœnus as Metaphors
for Interest Accruals», Journal of the Economic and Social History of the
Orient, 2000: 132-161.
66. Millett, Paul, Lending and
Borrowing in Ancient Athens, Cambridge University Press, p. 108, Reino Unido,
1991. También aparece mencionado en Homer y Sylla, op. cit., p. 43. tion of
Interest», op. cit. En el 88 a. C., Sulla estableció un tipo máximo del 12 por ciento,
otra cifra que encaja en el sistema duodecimal (Homer y Sylla, op. cit., p.
47).
68. Robinson, Joan, «The Rate of Interest»,
Econometrica, 19 (2), 1951: 93.
69. Marx, Karl, Capital, VOL. III, Engels,
Friedrich (ed.), p. 246, Reino Unido,1894. [Versión en castellano: El capital,
libro III, Editorial Akal, Madrid, 2022.]
70. Homer y Sylla, op. cit., p. 58.
71. Véase capítulo 9. Borio, Claudio;
et al., «Why So Low for So Long? A Long-term View of Real Interest Rates», BPI
n.o 685, 2017.
* Silver, Morris, Economic Structures of
Antiquity, Bloomsbury Academic, capítulo 5 passim, Estados Unidos, 1995. Aunque
se ha dicho que la antigua Grecia carecía de un verdadero mercado monetario, un
decreto emitido a finales del siglo V A. C. en Plotia, un distrito del Ática,
exige que el dinero se conceda a los prestatarios que ofrezcan el tipo de interés
más elevado.
72. Garfinkle, «Shepherds, Merchants
and Credit», p. 6. Los préstamos de cebada pueden verse como contratos de
futuros, con el precio del forward a un gran descuento del precio spot (es
decir, con prima de aplazamiento).
73. En las colonias mercantiles asirias de
la Capadocia, los tipos de interés variaban entre el 15 y el 40 por ciento,
según Leemans, «Rate of Interest». Péter Vargyas ha encontrado una amplia
variedad de tipos diferentes en la antigua Babilonia para los préstamos en
shekels, que oscilaban entre un 5 y un 15 por ciento anual, y para los
préstamos de cereal, entre el 8,33 por ciento (1/12) y el 60 por ciento. Hay un
caso incluso de un tipo de interés expresado como una fracción (7,5 por
ciento); véase Vargyas, Péter, «Babylonian Interest Rates: Weren’t They
Annual?», en Studi sul vicino Oriente Antico: Dedicati alla memoria di Luigi
Cagni, Graziani, Simonetta (ed.), Istituto Universitario Orientale, Italia,
2000. Zoltán Csabai ha encontrado veinte tipos de interés diferentes en el primer
milenio antes de Cristo (véase Csabai, Zoltán, «Chronologische Aspekte der
babylonischen Zinsen», en Studies in Economic and Social History of the Ancient
Near East in Memory of Péter Vargyas, Csabai, Zoltán [ed.], Universidad de
Pécs, pp. 811-823, Hungría, 2014).
74. Wunsch, op. cit., p. 237. cient
World: Means of Transmission and Cultural Interaction, Rollinger, R.; y Ulf, C.
(eds.), Franz Steiner Verlag Wiesbaden, Alemania, 2004.
76. Leemans, «Rate of Interest», op.
cit.; Silver, Economic Structures of Antiquity, op. cit., p. 105.
77. Mayer, Thomas, Frankfurter Allgemeine
Zeitung, 17 de septiembre de 2016.
78. Piketty, Thomas, El capital en
siglo xxi, Ediciones RBA, Barcelona, 2015.
79. David Hume, «Of Interest», Selected
Essays, Oxford University Press, p. 181, Reino Unido, 1993. Véase capítulo 9.
80. Homer
y Sylla, op. cit., p. 38.
81. Como el propio Hume recoge, citando a
Dion Casio (Selected Essays, p. 186). Hume sostiene que el efecto sólo fue
temporal y que cuando llegó el reinado de Tiberio, los tipos de interés habían
vuelto al 6 por ciento.
82. Hume, op. cit., p. 48.
* Convendría señalar que los grandes
beneficiarios de la expansión cuantitativa de Tiberio fueron las familias
patricias. Como veremos más adelante, en 2008 se reprodujo la misma situación
cuando la Reserva Federal recuperó esta práctica.
83. Silver, «Modern Ancients», op. cit.
84. Homer y Sylla, op. cit., p. 38.
85. Csabai, op. Ci
86. Con respecto al mito del trueque,
véase Graeber, David, Debt: The First 5,00 Years, Melville House, pp. 33-62,
Estados Unidos, 2011. [Versión en castellano: En deuda: Una historia
alternativa de la economía, Editorial Ariel, Barcelona, 2021.]
87. Goetzmann, William, Money Changes
Everything: How Finance Made Civilization Possible, Princeton University Press,
p. 41, Estados Unidos, 2016.
88. Mieroop, Ancient Mesopotamian City, op.
cit., p. 187.
89. Barbon, Nicholas, A Discourse of Trade
[1690], Johns Hopkins Press, Estados Unidos, 1903.
90. Buchan, James, John Law: A Scottish
Adventurer of the Eighteenth Century, MacLehose Press, p. 11, Reino Unido,
2018.
91. Robbins, Lionel, A History of Economic
Thought: The LSE Lectures, Princeton University Press, p. 102, Estados Unidos,
1998. Véase también, Tucker, G. S. L., Progress and Profits in British Economic
Thought, 1690-1850, p. 48, Cambridge University Press, Reino Unido, 1960.
92. Böhm-Bawerk, Eugen von, Capital and
Interest: A Critical History of Economical Theory, vol. I, Libertarian Press,
p. 27, Estados Unidos, 1959. [Versión en castellano: Capital e interés:
historia y crítica de las teorías sobre el interés, vol. I (1884), Innisfree, Reino
Unido, 2015.]
93. Fisher, Theory of Interest, en
Works, IX, p. 3.
94. Schumpeter, Joseph A., Theory of
Economic Development: An Inquiry into Profits, Capital, Credit, Interest, and
the Business Cycle, Transaction Publishers, p. 183, Estados Unidos, 1983.
FICHA TÉCNICA:
1
libro
560
páginas
En
formato de 15 por 23 cm
Pasta
delgada en color plastificada con solapas
Primera
edición 2024
ISBN
9788423437146
Libro
Autor Edward Chancellor
Traductor
Alexandre Casanovas López
Editor
DEUSTO
FAVOR DE PREGUNTAR
POR EXISTENCIAS EN:
Correo
electrónico:
Celular
y WhatsApp:
6671-9857-65
Gracias
a Google por publicarnos
Quedamos
a sus órdenes
EL PRECIO DEL TIEMPO
LA VERDADERA HISTORIA DE
LOS TIPOS DE INTERÉS
= = = = = = = = = = = = = = =



