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miércoles, 25 de febrero de 2026

HISTORIA DE LA POLICÍA DE LA CIUDAD DE MÉXICO

ENTRE EL ORDEN Y EL CAOS

Historia de la Policía de la Ciudad de México

Carlos Pérez Ricart y

Daniel Herrera Rangel

Editor Siglo XXI

Primera edición 2025

 

LIBRO RECOMENDADO

“La policía no es solo una institución del orden, sino una institución del poder”

La Ciudad de México, capital desde el virreinato, ha tenido que procurar la seguridad de sus habitantes. Esta es la misión de la institución que hoy conocemos como la Policía. A través de cuatro etapas que comienzan en 1780 y llegan hasta el presente, este libro recorre su historia de manera crítica y resalta los aciertos y las deficiencias de la institución, detallando la participación de personajes tan enigmáticos como Baltasar Ladrón de Guevara, Arturo Durazo o Alejandro Gertz Manero, por mencionar algunos. Explica su arduo proceso de profesionalización, reflexiona sobre la corrupción que la ha aquejado a todos los niveles y revisa los distintos cuerpos y grupos que la han integrado, desde los Granaderos, los Zorros, la Policía de Tránsito y, por supuesto, el cuerpo de mujeres, la Hermandad y la Policía Secreta. Además, los autores intercalan episodios de la nota roja, que conmocionaron a la ciudadanía en distintos momentos: “El chalequero”, “La descuartizadora de niños”, “Los narcosatánicos”, “La mataviejitas” o el “El caníbal de la Guerrero”.

Desde la Nueva España hasta el contexto actual, los autores nos llevan de la mano por el camino que desemboca en la crisis de seguridad que hoy vivimos y los esfuerzos constantes de la Policía para erradicar el crimen y garantizar la seguridad de las y los habitantes

EN LA INTRODUCCIÓN:

En el tiempo que a usted le tomará leer este párrafo, digamos un minuto, se habrán recibido 3.5 llamadas al 911. En la Ciudad de México, cada día se reciben un promedio unas 5 mil llamadas de emergencia, solicitando el auxilio de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) (tanto policías como bomberos), de Protección Civil o del ERUM (Escuadrón de rescate y urgencias Médicas, perteneciente también a la SSC). Para responder a estas emergencias, se movilizan diariamente más de 4 mil unidades, de las cuales 3 de cada 4 son patrullas de la policía (Gobierno de la Ciudad de México, 2025). El sábado 25 de enero de 2025, una de esas 5,000 llamadas reportó un incendio en curso en la calle Beethoven, en una de las humildes vecindadas de la colonia Peralvillo. El fuego se había originado en un cuarto contiguo a la entrada, repleto de muebles viejos y demás trebejos, y atrapó en el interior de la vivienda a una joven y a dos niñas pequeñas. Los primeros en responder al llamado del 911 fueron los policías auxiliares María Guadalupe González Tierra Blanca y José Manuel Juárez Castro, adscritos al Sector Tlatelolco de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, quienes vencieron el miedo natural que cualquiera experimentaría ante semejante situación y actuaron sin titubear

María es madre de un niño de 11 años, José de otros dos niños menores. Eso, que a muchos quizá les hubiera llevado a actuar con prudencia, a ellos los impulso. “pienso que, si fueran mis hijos, cualquier otra persona hubiera hecho lo mismo”, diría después José. Entre las llamas, ambos policías y otro compañero se abrieron paso hasta llegar al cuarto donde estaban las dos niñas, una de 6 meses y otra de 5 años, y la joven de 22, totalmente paralizadas por el pánico. Si hubieran decidido esperar a los bomberos, probablemente se habrían perdido esos pocos minutos que, en situaciones como esa, separan la vida de la muerte

María tomó a la pequeña de meses en brazos, la cubrió con la camisola de su uniforme y volvió a cruzar el fuego. José hizo lo mismo con la otra niña, protegiéndola con su propio cuerpo, mientras que el tercer compañero logró sacar a la joven. Los tres resultaron con quemaduras superficiales, pero la mujer y las niñas salieran ilesas. Los vecinos, arremolinados afuera del siniestro, aplaudieron la valentía. Días después, cuando le preguntaron qué sintió al escuchar los aplausos, maría afirmó: “Te sientes orgullosa de tu trabajo, de portar el uniforme. No todos los policías son malos, somos más los buenos”

Con sus 90 mil efectivos, la Policía de la Ciudad de México constituye el segundo cuerpo policial más grande de toda América latina, tan solo detrás de la de Sao Paulo, en Brasil, que supera los 100 elementos. Su historia se remonta, por lo menos, siglo y medio atrás a 1861 cuando, por órdenes del presidente Juárez, se creó la Inspección General de Policía del distrito Federal. Esto es un hito que marca la fundación de la Policía, en el sentido moderno del término, en nuestro país. Podemos ir incluso más atrás si consideramos a los múltiples cuerpos creados desde las postrimerías de la colonia y durante las primeras décadas de vida independiente para mantener el orden y velar por la observancia de las normas del buen gobierno

Desde aquellos celadores que cuidaban las calles de la capital de Nueva España hasta los agentes policiales de la Secretaria de Seguridad Ciudadana SSC de nuestros días transcurre una historia compleja y plagada de contrastes; es la historia de los proyectos y las ideas en torno al concepto de seguridad pública y de aquellos cuerpos a los que dieron origen

Si bien en años recientes han aparecido algunos análisis importantes al respecto, en términos generales la policía mexicana ha merecido escaso interés por parte de los historiadores. Lo que conocemos de su historia ha sido escrito de manera indirecta y fragmentaria, a partir de relatos preocupados por la criminalidad, la violencia, el sistema penitenciario, la sociedad disciplinaria o los bajos fondos, relatos en los que la figura del policía asoma apenas como un actor de reparto y nunca como protagonista. Algo similar ha sucedido con las investigaciones de la violencia de estado mexicano, que despuntaron de manera importante a partir de la desclasificación de los archivos de la antigua Dirección Federal de Seguridad a comienzos de este siglo. Estos trabajos se han concentrado fundamentalmente en las fuerzas armadas y los grupos paramilitares, y solo hasta fechas muy recientes se ha comenzado a indagar sobre la participación de las fuerzas policiales en eventos represivos

Afortunadamente, de un tiempo para acá, esa tendencia se ha ido revirtiendo, en buena medida gracias a los trabajos desarrollados por Diego Pulido Esteva. Sin duda está entre los mayores especialistas sobre el tema y su obra: La Ley de la calle. Policía y sociedad en la Ciudad de México 1860 – 1940 (2023) constituye el análisis más completo sobre la policía capitalina en dicho periodo

La presente investigación pretende contribuir en esta línea, partiendo de la idea de que la policía, entendida como ese cuerpo organizado, responsable de la seguridad y el mantenimiento del orden  público, es más que una institución: es el representante más inmediato del estado ante la ciudadanía. Es, antes que nada, la materialización de un concepto, que ha adquirido distintas cargas de significado a lo largo de los últimos dos siglos y medio, desde sus orígenes remotos como policía y buen gobierno hasta la noción contemporánea de seguridad pública. Esta policía, como veremos, es el resultado de un proceso de larga duración en el que, con sus buenas, sus malas y su peores, los distintos gobiernos y autoridades responsables han ideado y apostado por muy diversos cuerpos, con objetivos -algunos menos nobles que otros- y tareas específicas. Así, la policía es cuerpo y concepto; realidad e imaginario; materialidad y palabra

Esta historia propone analizar los numerosos proyectos que, desde las décadas finales del gobierno colonial, trataron, con mayor o menor éxito, de dar respuesta tanto a las necesidades de protección y seguridad de la población como a la necesidad del régimen de disponer de una fuerza capaz de garantizar el mantenimiento del orden. Para ello, cada administración fue conformado en cada paso un concepto de policía con distintos matices que, al cabo de un largo andar, derivaría en los que hoy en día conocemos como la Secretaría de Seguridad Ciudadana SSC de la ciudad de México (SSCCDMX)

El recorrido que se propone comprende cuatro periodos o estadios por los que, desde nuestra perspectiva, ha atravesado la fuerza policial. Comienza por su fase formativa, hacia la recta final del virreinato, cuando el concepto de policía hacia referencia tanto el conjunto de normas y ordenanzas que regían la higiene de la ciudad y la sociabilidad armónica de sus habitantes como a los primeros cuerpos encargados de hacer valer dichas ordenanzas. Con el triunfo de la Independencia y la difícil consolidación de México como nación, esos cuerpos se transforman, adoptando paulatinamente la idea del mantenimiento del orden y el combate a la delincuencia por encima del buen gobierno. Esta fase temprana, que podemos ubicar entre 1780 y 1860, vio el surgimiento y la extinción de numerosas policías, reflejo de la inestabilidad, las penurias financieras y la fragilidad política que marcaron el devenir del país en esos años

El segundo periodo, de surgimiento y desarrollo de la policía en su sentido moderno, comienza, como decíamos, en 1861, con la creación de la Inspección General de la Policía del Distrito Federal. Adquiere plena forma durante el gobierno de Porfirio Díaz y sobrevive los cambios que trae consigo la lucha revolucionaria para consolidarse en el México de la primera mitad del siglo XX, cuando se la forma la Policía preventiva del Distrito Federal. La novedad de este periodo radica en la continuidad de un proyecto y de una idea de policía que, salvo durante el breve lapso de la intervención francesa (1861 – 1867), logró conformar un cuerpo policial organizado bajo un mando único, enfocado a la seguridad pública, y en concordancia con un aparato burocrático que permitió tanto la administración del personal como la generación y sistematización de información, indispensable para una mejor procuración de justicia, que surgió también es esta etapa. En este proyecto se logró la transición hacia la profesionalización de la policía, brindado formación, capacitación y disciplina a sus agentes, además de generar en ellos una identidad de grupo

La tercera fase que identificamos comprende de 1952 a 1990, periodo en el que la policía es reorientada de ser una fuerza del orden hacia una fuerza represiva. Para entonces, el abuso y la arbitrariedad policial no era ninguna novedad; por el contrario, a veces más, a veces menos, estas características desafortunadas han sido constante desde sus primeros tiempos, especialmente tratándose de los agentes que integraron a las distintas policías secretas en la ciudad que los gobiernos utilizaron con fines de espionaje y persecución política

Sin embargo, fue en estos años de guerra fría y paranoia anticomunista, cuando el régimen priista se decantó por su forma más autoritaria, que la policía se utilizó como un cuerpo represivo contra la población -imposible no pensar en el policía y su “palito de abollar ideologías”, dibujado por el genial Quino-. La violenta represión contra los simpatizantes de Miguel Henríquez Guzmán, que reclamaban el fraude en la elección presidencial de 1952, marcó el inicio de una nueva interacción entre la policía de la ciudad y sus habitantes, caracterizada por la impunidad, el uso sistemático y generalizado de la fuerza y la comisión de violaciones graves a los derechos humanos. Este periodo representa sin duda la peor época de la institución en toda su historia: la más abyecta y la más vergonzosa, en que fue arrastrada por diversos mandos, regentes y presidentes por un pantano de corrupción y desprestigio, lo que le mereció con creces el repudio de un amplio sector de la población capitalina. Repudio, vale recalcar, que ha sido muy complicado revertir

Así llegamos a la fase actual cuando, al cabo de la fallida promesa de Miguel de la Madrid de renovar a la corporación, comienza en la década de los noventa un nuevo proceso para dotar a la ciudadanía de la policía que merece: capacitada, íntegra y respetuosa de las garantías individuales. A partir de la desaparición de la figura del regente de la ciudad en 1997, las y los capitalinos experimentan por vez primera la posibilidad de elegir al jefe de gobierno y depositan su confianza en el candidato de la izquierda, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano

Este es un factor clave del proceso histórico policial, pues a partir de entonces el jefe de gobierno tendrá  la facultad de proponer al titular de la seguridad pública (atribución que antiguamente recaía en la sabiduría presidencial) incidiendo con ello directamente en la operación de la policía

Desde entonces, las sucesivas administraciones han implementado diversas estrategias para recuperar la confianza de la ciudadanía en su policía, al tiempo que han tratado de combatir la delincuencia atacando las causas sociales que la engendran. Una tendencia que se inaugura desde entonces es la desaparición de militares de alto rango al frente de la corporación, lo cuál modificará significativamente su naturaleza

Como parte de este recorrido, las y los lectores encontrarán cinco pausas en el camino, cinco viñetas que, a modo de ventanas, permiten aventurar una mirada al desempeño policial en casos que impactaron hondamente en la opinión pública. Nos parece sugerente mostrar la forma en que la policía dio seguimiento a los casos, que en ocasiones se tradujo en meses de trabajo de investigación para agotar las pistas y dar con el o la criminal en cuestión. Pero, sobre todo, estos casos nos brindan la oportunidad de observar, a través de las formas en que la prensa y los medios de comunicación les dieron cobertura, los miedos, las ansiedades y los prejuicios que atravesaban  la sociedad en momentos específicos en el caso del “Chalequero”, emerge el profundo desprecio y el racismo que sentían las élites y clases medias porfirianas con respecto a las clases humildes; con Felícitas Sánchez, se visibiliza el feroz conservadurismo de una sociedad indignada por las mujeres que decidían interrumpir su embarazo; Alfonzo de Jesús Constanzo y sus secuaces dieron los primeros atisbos de la violencia demencial derivada del tráfico de drogas; la investigación del misterioso criminal que asesinaba mujeres de la tercera edad asomó la transfobia y los discursos de odio contra la diversidad sexual; el tétrico hallazgo de José Luis calva Zepeda y sus crímenes instaló en la conversación pública el tema de los feminicidios y el peligro cotidiano que enfrentaban, y siguen enfrentando, las mujeres. Cinco casos terribles, cinco espejos que nos devuelven nuestra imagen de cuerpo entregó, sin clemencia ante nuestros defectos

Ser policía es una profesión dura y peligrosa; y no solo eso, también es ingrata como pocas. La sociedad suele ser muy dura con sus policías, haciéndolos objeto de su escarnio, de burlas y de un desprecio añejo y enconado, desprecio que ciertamente no es gratuito. Sin embargo, como nos recuerda Mariana Galvani, más allá de un uniforme y una placa, no hay diferencias entre los policías y la sociedad a la que han jurado servir y proteger (Galvani, 2016). “¡Ustedes también son pueblo, pueblo uniformado!”, solía escucharse en las manifestaciones cuando los granaderos arremetían violentamente, para recordarles que debajo del casco y detrás de los escudos había un actor social más, producto de sus circunstancias y sometido a las mismas injusticias que motivaban la protesta. Por ello, estudiar la historia de la Policía implica, en el fondo, estudiar nuestra propia historia: la de la sociedad que la ideó y engendró como institución, y la del modelo de “orden” que les encomendó defender

Este libro pretende ser una invitación para reflexionar sobre la Policía como una invitación para reflexionar sobre la policía como una institución socialmente construida que, a modo de Jano, posee dos rostros, dos naturalezas que coexisten en permanente tensión: la del cuerpo represor y la del garante de paz. De nosotros como sociedad depende cuál de ellas debe prevalecer

De la prestigiosa colección:

SINGULAR

FICHA TÉCNICA:

1 libro

296 páginas

En formato de 14 por 21 por 1.8 cm

Pasta delgada en color plastificada

Primera edición 2025

ISBN 9786070315190

Autor Carlos Pérez Ricart y

Daniel Herrera

Editor Siglo XXI

 

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ENTRE EL ORDEN Y EL CAOS

Historia de la Policía de la Ciudad de México

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sábado, 9 de noviembre de 2024

ORIGEN DEL CAPITALISMO

 

EL ORIGEN DEL CAPITALISMO

UNA MIRADA DE LARGO PLAZO

1 Libro Autora Ellen Meiksins Wood

EDITOR SIGLO XXI

PRIMERA EDICIÓN 2021

 

LIBRO RECOMENDADO Y POR ENCARGO

El capitalismo no es ni una consecuencia inevitable de la naturaleza humana, ni una mera ampliación de antiguas prácticas comerciales cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos. Desencadenado en unas coordenadas espaciales y temporales específicas, el capitalismo necesitaba de una transformación radical previa de las relaciones entre los seres humanos y de estos con la naturaleza

En este clásico de Ellen Meiksins Wood, la autora ofrece al público lector una introducción formidable y accesible a las teorías y debates en torno al nacimiento del capitalismo, el imperialismo y el Estado - nación moderna

EN LA INTRODUCCIÓN:

La <caída del comunismo>, proclamada a finales de la década de los ochenta y durante la de los noventa del siglo pasado, parecía confirmar una creencia compartida por muchos durante largo tiempo: el capitalismo es el estado natural de la humanidad, se adapta a las leyes de la naturaleza y a las inclinaciones básicas del ser humano, y toda desviación de esas leyes e inclinaciones naturales solo puede acabar en desastre

Es obvio que, hoy en día, el triunfalismo capitalista que siguió a dicha caída del comunismo puede ponerse en cuestión por numerosas razones. Mientas escribía la <introducción> a la primera edición de este libro: EL ORIGEN DEL CAPITALISMO; el mundo se recuperaba de la crisis asiática. En la actualidad, las secciones financieras de la prensa diaria contemplan con nerviosismo los indicios de una recesión en estados Unidos, mientras redescubren los ciclos del capitalismo de toda la vida y que aseguraban eran ya cosa del pasado. El periodo histórico entre ambos episodios se ha visto salpicado en diversas partes del mundo por una serie de manifestaciones efectistas que se describen con orgullo a sí mismas como <<anticapitalistas>> y, mientras que muchos de los que participan en ellas parecen inclinarse por disociar las maldades de la <<globalización>> o del <<neoliberalismo>> de la naturaleza esencial e irreductible del propio capitalismo, son muy claros con respecto al conflicto que el sistema provoca entre la satisfacción de las necesidades de las personas y las exigencias que plantea la obligación de obtener beneficios, tal como demuestran cuestiones como la creciente brecha entre ricos y pobres o la creciente destrucción ecológica

El capitalismo ha conseguido siempre en el pasado superar sus crisis recurrentes, pero dejando siempre la tierra abonada para que emerjan otras aún peores. Sea cuales hayan sido los medios empleados para limitar o corregir el daño provocado, millones de personas han sufrido las consecuencias nocivas tanto de la enfermedad como de su tratamiento

Quizá las debilidades y contradicciones cada vez más evidentes del sistema capitalista lleguen a convencer incluso a alguno de sus defensores más acríticos de que es necesario encontrar una alternativa alguna está profundamente arraigada, sobre todo en la cultura occidental. Dicha convicción no solo cuenta con el respaldo de las versiones más descaradas de la ideología capitalista, sino también de algunas de nuestras creencias más preciadas e incontestables relativas a la historia, y no me refiero a la historia del capitalismo, sino a la historia en general. Como si el capitalismo hubiera sido siempre el destino del devenir histórico, o incluso como si el devenir de la propia historia se hubiera regido siempre por las <<leyes del movimiento>> capitalista

PETITIO PRINCIPII

El capitalismo es un sistema en el que todos los bienes y servicios, incluidos los más básicos para la vida, se producen para ser intercambiados de un modo rentable; incluso la fuerza de trabajo se convierte en una mercancía a la venta en el mercado; bajo el sistema capitalista, todos los actores económicos dependen del mercado. Esta dinámica no solo afecta a los trabajadores, que deben vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario, sino también a los capitalistas que dependen del mercado para comprar sus inputs, incluida la fuerza de trabajo, y para vender su outputs para obtener beneficios. El capitalismo difiere de otras formas de organización social en que los productores dependen del mercado para acceder a los medios de producción (al contrario que, por ejemplo, el campesinado que mantiene la propiedad directa de la tierra, al margen del mercado). Bajo este sistema, los propietarios no pueden confiar en que los poderes <<extraeconómicos>> de apropiación recurran a la coerción directa –como en el caso de los poderes militares, políticos y judiciales que permitieron a los señores feudales extraer la plusvalía del trabajo de los campesinos-, sino que dependen de los mecanismos puramente <<económicos>> del mercado. Este mecanismo de dependencia del mercado implica que la vida se rige por las reglas fundamentales de la competitividad y la maximización del beneficio. De esas reglas se deriva que el único motor del sistema capitalista es aumentar la productividad del trabajo con recursos técnicos. Por encima de todas las cosas, es un sistema en el que los trabajadores desposeídos  realizan el grueso del trabajo necesario para la sociedad y están obligados a vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario, para así acceder a los medios para subsistir y para trabajar. Los trabajadores, a la vez que proveen lo necesario para que la sociedad satisfaga sus necesidades y deseos, indisociablemente están generando ganancias para quienes compran su fuerza de trabajo. De hecho, la producción de bienes y servicios está subordinada a la producción del capital y del beneficio capitalista. Es decir, el objetivo básico del sistema capitalista es la producción y la reproducción del capital

Esta forma específica de proveer las necesidades materiales de los seres humanos, tan distinta de las anteriores formas de organización de la vida material y de la reproducción social, tiene muy poco tiempo de vida, apenas una fracción del conjunto de la existencia humana en la Tierra. Incluso quienes insisten con vehemencia en afirmar que el sistema radica de la naturaleza humana misma y de una continuidad natural de determinadas prácticas humanas desde tiempos inmemoriales no se atreverían a afirmar que el capitalismo realmente existiera antes de principios de la Edad Moderna, y, dicho sea de paso, solo en Europa Occidental. Es posible que estos enfoques vean algún indicio en etapas anteriores, o que identifiquen sus inicios en la Edad Media, en forma de amenaza sobre un orden feudal en declive, aunque aún sujeto a las restricciones feudales; incluso puede que detecten algún indicio en la expansión del comercio o en los viajes del descubrimiento, por ejemplo, en las expediciones de Colón a finales del siglo XV. Algunos se referirían a estas etapas tempranas como <<protocapitalistas>>, pero muy pocos serían capaces de afirmar en serio que el sistema capitalista existiera antes de los siglos XVI y XVII, y algunos lo situarán más bien a finales del XVIII, en el XIX incluso, cuando se desarrolla hasta adquirir su forma industrial

No obstante, paradójicamente, las fuentes históricas sobre la emergencia de este sistema han tenido mayoritariamente a definirlo como la materialización natural de tendencias omnipresentes. Desde que los historiadores empezaran a abordar por primera vez la cuestión de la emergencia del capitalismo, rara es la interpretación de la cuestión que no haya empezado precisamente para dar por sentado aquello que requería ser explicado. Prácticamente sin excepción, dichas interpretaciones sobre el origen del capitalismo han seguido una lógica fundamentalmente circular: han dado por supuesta la existencia previa del capitalismo para así dar cuenta de su emergencia. Para explicar la tendencia típica del capitalismo hacia la maximización del beneficio, han dado por supuesta la existencia de una racionalidad universal basada en esa maximización del beneficio. Del mismo modo, para explicar la tendencia del capitalismo a incrementar la productividad del trabajo con medios técnicos, han dado también por supuesta una progresión continua, casi natural, del avance tecnológico en la productividad del trabajo

Estas explicaciones de petitio principii (1) emanan del concepto de progreso de la economía política clásica y de la ilustración. Ambas basan el desarrollo histórico en la idea de que tanto la emergencia como el desarrollo del capitalismo están prefigurados ya en las primeras manifestaciones de la racionalidad humana, en los avances tecnológicos que arrancaron desde el momento en que el Homo sapiens blandiera la primera herramienta, y en las prácticas de intercambio entre seres humanos desde tiempos inmemoriales. Sin lugar a duda, el viaje de la historia hasta ese destino final, el destino de la <<sociedad mercantil>> o capitalismo, ha sido largo y arduo y se ha topado con innumerables obstáculos por el camino. Pero, en cualquier caso, han sido un proceso natural e inevitable. De modo que, según estos enfoques, la explicación del <<origen del capitalismo>> no requiere mayor explicación que la que aporta la superación a veces gradual y otras de manera repentina, fruto de la violencia revolucionaria, de los muchos obstáculos en su camino

Para la mayor parte de las explicaciones sobre el capitalismo y sus orígenes realmente no hay tales orígenes. Aparentemente, el capitalismo existió desde siempre, en algún lugar; bastaba con que se liberara de sus cadenas, por ejemplo, de los grilletes del feudalismo; para poder crecer y desarrollarse. Por lo general, dichas cadenas son de carácter político: los poderes parasitarios de los señores, o las restricciones del estado autocrático. En otras ocasiones, son de origen cultural o ideológico: una religión errónea, quizá. Dichas restricciones limitan el libre movimiento de los actores <<económicos>>, la libertad de expresión de la racionalidad económica. Estas interpretaciones identifican lo <<económico>> con el intercambio o los mercados; y precisamente es ahí donde ponemos detectar el supuesto del que parten. La semilla del capitalismo se alberga en los actos más primitivos del intercambio, en cualquier forma de mercado o actividad mercantil. Algo que conecta habitualmente con la otra presuposición: la historia consiste en un proceso prácticamente natural de desarrollo tecnológico. De un modo u otro, el capitalismo emerge de forma más o menos natural donde y cuando los mercados en expansión y el desarrollo tecnológico alcanzan el nivel adecuado, y permiten que se acumule la cantidad suficiente de riqueza como para permitir que se acumule la cantidad suficiente de riqueza como para permitir una reinversión rentable. Muchas interpretaciones marxistas coinciden con esta en lo fundamental, con el añadido de las revoluciones burguesas y su contribución a romper los grilletes que se obstaculizan el desarrollo capitalista

Estas explicaciones acaban haciendo hincapié en la continuidad entre las sociedades no capitalistas y las capitalistas, y niegan o disfrazan la especificidad del capitalismo. El intercambio ha existido más o menos desde siempre, y pudiera parecer que el mercado capitalista no sea más que una forma más que este adopta. Desde el punto de vista de esta argumentación, dado que la necesidad específica y única de revolucionar constantemente las fuerzas de producción no es más que una extensión y aceleración de las tendencias universales y transhistóricas, casi naturales, la industrialización es el resultado inevitable de las inclinaciones más básicas de la humanidad. De modo que el linaje capitalista pasa de forma natural del primer mercader babilonio, al burgher medieval, hasta el incipiente burgués moderno, para desembocar en el capitalista industrial

Determinadas interpretaciones marxistas de esta historia reproducen una lógica similar, incluso a pesar de que en sus versiones más recientes el relato tiende a centrarse en el campo y no en la ciudad, y sustituye a los comerciantes por productores rurales de mercancías, pequeños o <<medianos>> granjeros que esperan a que se les presente la oportunidad de convertirse en esplendorosos capitalistas. Según este relato, la pequeña producción mercantil, una vez liberada de las bridas del feudalismo, se convierte de un modo más o menos natural en capitalista, y los pequeños productores de mercancías tomarán la senda del capitalismo a la menor oportunidad

Estas interpretaciones convencionales parten de ciertos supuestos, ya sean más o menos explícitos, sobre la naturaleza y la conducta de los seres humanos, bajo determinadas circunstancias y si se les brinda la oportunidad. Es decir, que siempre aprovecharán cualquier oportunidad que se les brinde para maximizar el beneficio mediante el intercambio y, para poder materializar su inclinación natural, siempre hallarán formas de mejorar la organización y las herramientas en uso para incrementar la productividad del trabajo

¿OPORTUNIDAD O IMPERATIVO?

Según el modelo clásico, por tanto, el capitalismo constituye una oportunidad que debemos aprovechar donde y cuando sea posible. Esta noción de oportunidad es absolutamente fundamental en la interpretación convencional del sistema capitalista, y está presente en el discurso cotidiano. Pensemos, por ejemplo, en el uso común de la palabra que reside en el núcleo mismo del capitalismo: el <<mercado>>. Prácticamente todas las acepciones del término mercado que aparecen en el diccionario tienen la connotación de oportunidad: ya se aluda a un lugar en concreto o una institución, el mercado nos ofrece la oportunidad de comprar y vender; como abstracción, el mercado es la posibilidad de venta. Los bienes <<encuentran un mercado>> y decimos que hay mercado para un servicio o mercancía cuando existe una demanda, es decir, que podrá venderse y que se acabará vendiendo. Los mercados están <<abiertos>> a quienes quieran vender. El mercado representa <<las condiciones relativas a, y la oportunidad para, comprar y vender>> (The Concise Oxford Dictionary). El mercado implica ofrecer y elegir

Entonces, ¿qué son las fuerzas del mercado? ¿Acaso fuerza no implica coerción? Según la ideología capitalista, el mercado no implica coerción sino libertad. A su vez, existen determinados mecanismos orientados a garantizar el funcionamiento de la <<economía racional>> y salvaguardar dicha libertad; así, la oferta satisface a la demanda, y pone en circulación mercancías y servicios que las personas elegirán libremente. Estos mecanismos constituyen las <<fuerzas>> impersonales del mercado, y si llegan a ser coercitivas solo lo serán en el sentido de que obligan a los actores económicos a actuar con <<racionalidad>> y maximizar su capacidad de elección y sus oportunidades. Ello implica que el capitalismo, él no va más de la <<sociedad de mercado>>, es la situación óptima para la elección de oportunidades. Cuantos más bienes y servicios se ofrezcan, mayor es el número de personas con mayor libertad para vender y obtener beneficio, y mayor es el número de personas con mayor libertad para elegir entre esos bienes y servicios para comprarlos

Bien, entonces, ¿Dónde está el fallo de esta interpretación? Un socialista diría que se ha omitido el elemento fundamental, a saber, la mercantilización de la fuerza de trabajo y la explotación de clase. Hasta ahí, todo bien. Sin embargo, hay otro componente quizá menos evidente, y ausente incluso en las interpretaciones socialistas del mercado: la característica distintiva y dominante del mercado capitalista no es la oportunidad ni la capacidad de elección sino, por el contrario, la coacción. Bajo el capitalismo, la vida material y la reproducción de la vida están universalmente medidas por el mercado, de forma que, para acceder a los medios que garanticen la vida, todos los individuos deberán establecer relaciones mercantiles en un sentido u otro. Este sistema único de dependencia del mercado supone que los distados del mercado capitalista, sus imperativos de la competitividad, la acumulación, la maximización del beneficio y el incremento de la productividad del trabajo, no solo regulan todas las transacciones económicas, sino también las relaciones sociales en general. Puesto que las relaciones entre los seres humanos están mediadas por el proceso de intercambio de mercancías, las relaciones sociales entre las personas son como las relaciones entre las cosas: <<el fetichismo>>, el famoso concepto de Marx

Quizá más de un lector plantearía aquí la objeción de que este análisis no es ajeno a ningún socialista, o por lo menos a ningún marxista. Pero, como veremos más adelante, con frecuencia los aspectos específicos del capitalismo, como por ejemplo el funcionamiento del mercado capitalista desaparece como forma social específica toda vez que se presenta la transición de las sociedades precapitalistas a las sociedades capitalistas como una extensión o versión más madura, más o menos natural, aunque a veces frustrada, de unas formas sociales ya existentes, o en el mejor de los casos, de una transformación de índole cuantitativa más que cualitativa

Quizá más de un lector plantearía aquí la objeción de que este análisis no es ajeno a ningún socialista, o por lo menos a ningún marxista. Pero, como veremos más adelante, con frecuencia los aspectos específicos del capitalismo tienden a diluirse hasta en las interpretaciones marxistas del capitalismo, como por ejemplo el funcionamiento del mercado capitalista desaparece como forma social especifica toda vez que se presenta la transición de las sociedades precapitalistas a las sociedades capitalistas como una extensión o versión más madura, más o menos natural, aunque a veces frustrada, de unas formas sociales ya existentes, o en el mejor de los casos, de una transformación de índole cuantitativa más que cualitativa

Este libro versa sobre el origen del capitalismo y de las controversias que plantea, tanto de índole histórico como teórico. En la primera parte, se recorren las principales interpretaciones históricas y los debates que las rodean. Aborda en concreto el modelo más común de desarrollo capitalista, el llamado <<modelo mercantil>>, en alguna de sus variantes, así como algunos de sus principales desafíos. La segunda y la tercera parte esbozar una historia alternativa, que espero que salve algunos de los principales obstáculos que platean las explicaciones de petitio principii (1) convencionales, y que se basa en los debates que se abordan en la primera parte, especialmente desde los enfoques que se han enfrentado a las convenciones imperantes. Esta nueva edición revisada y ampliada incluye, entre otras cosas, secciones y capítulos nuevos en los que se esgrimen argumentos que tan solo se insinuaban en la primera edición, sobre todo relativas a las formas de comercio no capitalista, el origen del imperialismo capitalista y la relación entre el capitalismo y el Estado – Nación

Además, he añadido un subtítulo que espero que transmita no solo el mero hecho de que se trata de una edición bastante más extensa que la anterior, sino que adopta una <<mirada de largo plazo>> del capitalismo y sus consecuencias. Mi intención inicial ha sido desafiar la naturalización del capitalismo y destacar las formas en que representa una forma social históricamente específica y una ruptura histórica con formas sociales anteriores. Pero, el propósito de este ejercicio es tanto académico como político. La naturalización del capitalismo, que niega su especificidad y los largos y dolorosos procesos que lo generaron, limita nuestra capacidad para entender el pasado. A su vez, restringe nuestras esperanzas y expectativas de futuro ya que si el capitalismo es la culminación natural de la historia, su superación será entonces inimaginable. La cuestión del origen del capitalismo puede parecer arcana, pero se adentra en el corazón mismo de algunos supuestos que están profundamente arraigados en nuestra cultura, y que se suponen la peligrosa ilusión comúnmente aceptada de que el supuesto <<libre>> mercado beneficia a la humanidad y que es compatible con la democracia, con la justicia social y con la sostenibilidad ecológica. Para pensar en posibles alternativas futuras al capitalismo debemos pensar en interpretaciones alternativas del pasado

(1) Petición de principio, en inglés begging the question, es la falacia que define Aristóteles: <<petere id quaod demonstradum in principio propositum est>> (afirmar aquello que se debe demostrar). Se ha optado por poner la expresión en latín (N. de la T.)

OBRA INSCRITA EN:

COLECCIÓN:

HISTORIA

EN LA MATERIA:

CIENCIAS HUMANAS Y SOCIALES. HISTORIA MEDIEVAL, MODERNA CONTEMPORÁNEA

FICHA TÉCNICA:

1 Libro

224 Páginas

En formato de 14 por 22 por 1.4 cm

Pasta delgada en color plastificada

Primera edición 2021

ISBN 9788432320095

Traductor Olga Abasolo

Editor Siglo XXI

 

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EL ORIGEN DEL CAPITALISMO

UNA MIRADA DE LARGO PLAZO 

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viernes, 28 de junio de 2024

EL LIBRO ROJO III 1959 A 1979

 

EL LIBRO ROJO III 1959 A 1979

1 Libro Autor Manuel Payno y Vicente Riva Palacio

Editor Fondo de Cultura Económica

PRIMERA EDICIÓN 2012

Reimpresión

 

LIBRO POR ENCARGO

En el decurso humano la violencia ha sido una sombra siempre presente, pero en pocos países ésta ha ocupado un lugar tan preponderante como en el nacimiento y desarrollo de la nación mexicana.  Vicente Riva Palacio y Manuel Payno, ellos mismos partícipes de una época violenta (de lucha contra el intervencionismo de los Estados Unidos primero, y de Francia después) narran con fría precisión en este compendio de ensayos algunos episodios clave de la historia de México que se han caracterizado por la saña y la muerte.  Desde los años previos a la Conquista y hasta el fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo, los autores hacen un recuento de cómo la violencia ha estado presente y en muchas ocasiones ha moldeado la historia nacional

La historia se escribe día con día, y el tercer volumen es el resultado de una de las más grandes empresas editoriales mexicana de los siglos XIX y XX, que se propone volver al ejercicio respetando su sentido original. Cerca de trescientos autores compendian una suerte de antología abreviada de crímenes ocurridos en México entre los años de 1959 hasta 1979

El libro rojo carga en su propio nombre el peso de su ominoso contenido. Como menciona Carlos Montemayor en el prólogo, éste es el libro “de la sangre que ha enrojecido la tierra, las plazas, los ríos, las piedras de México”. En el decurso humano la violencia ha sido una sombra siempre presente, pero en pocos países ésta ha ocupado un lugar tan preponderante como en el nacimiento y desarrollo de la nación mexicana. Vicente Riva Palacio y Manuel Payno, ellos mismos partícipes de una época violenta (de lucha contra el intervencionismo de los Estados Unidos primero, y de Francia después) narran con fría precisión en este compendio de ensayos algunos episodios clave de la historia de México que se han caracterizado por la saña y la muerte. Desde los años previos a la Conquista y hasta el fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo, los autores hacen un recuento de cómo la violencia ha estado presente y en muchas ocasiones ha moldeado la historia nacional

El libro rojo, continuación se propone volver al ejercicio de la obra dieciochesca respetando su sentido original. Cerca de trescientos autores compendian una suerte de antología abreviada de crímenes ocurridos en nuestro país a partir de 1868, acompañada de imágenes elaboradas ex profeso para esta obra. El presente volumen abarca los años de 1959 hasta 1979

De la prestigiosa colección:

TEZONTLE

FICHA TÉCNICA:

1 Libro

482 Páginas

Ilustrado

En formato de 27 por 29 cm

Pasta delgada en color plastificada

Primera Edición 2012

.860 kilogramos

ISBN 9786071616937

Manuel Payno y Vicente Riva Palacio

Coordinador Gerardo Villadelángel Viñas

Prologo Jorge F. Hernández

Curaduría de Edgardo Ganado Kim

Textos Rafael Martínez de la Torre

Juan A. Mateos

Dibujos Primitivo Miranda

Litografías Hesquio Iriarte

Santiago Hernández

Curaduría Gerardo Villadelángel

Prologo: Carlos Montemayor

Fondo de Cultura Económica FCE

 

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miércoles, 1 de mayo de 2024

INDUSTRIA E IMPERIO

                      

          INDUSTRIA E IMPERIO

Historia de Gran Bretaña desde 1750 hasta nuestros días

1 Libro Autor Eric Hobsbawm

EDITORIAL CRÍTICA

PRIMERA EDICIÓN 2023

 

LIBRO POR ENCARGO

Este libro analiza 250 años de historia económica y social de Gran Bretaña: el origen de la Revolución Industrial, su papel pionero en la economía mundial, los industriales y los productores de materias primas, las metrópolis y las zonas coloniales o semicoloniales del mundo entero, y su posterior decadencia durante el siglo XX debida a su temprana eclosión como potencia industrial mundial

Sin embargo, no es posible comprender la historia de Gran Bretaña si no se tiene en cuenta su papel como eje de aquel vasto imperio sobre el que se asentaron sus fortunas durante tanto tiempo, su posterior decadencia ante el empuje de nuevas potencias económicas –Estados Unidos y Japón- o, sus actuales relaciones con la Unión Europea

Al analizar este complejo entramado de relaciones comerciales y de producción, el profesor Hobsbawm no solo nos ofrece la mejor historia económica y social de Gran Bretaña desde 1750 hasta hoy, sino que nos está explicando toda la historia económica occidental moderna

¿Quién es el autor?

Eric Hobsbawm

Alejandría, Egipto, 9 de junio de 1917

1 de octubre de 2012

Está considerado uno de los grandes historiadores del siglo XX. Fue profesor emérito de Historia social y económica del Birkbeck College, en la Universidad de Londres. Entre sus numerosos libros debe destacarse, sobre todo, la serie formada por La era de la revolución, 1789-1848 (1997) La era del capital, 1848-1875 (1998), La era del imperio, 1875-1914 (1998) e Historia del siglo XX (1998). Sus últimas obras fueron Entrevista sobre el siglo XXI (2000), Años interesantes. Una vida en el siglo XX (2003), Guerra y paz en el siglo XXI (2007)y Cómo cambiar el mundo (2011), todas ellas publicadas por Crítica

FICHA TÉCNICA:

1 Libro

226 Páginas

Pasta delgada en color plastificada

Primera edición 2023

ISBN 9786075696188

Autor Eric Hobsbawm

Editorial Crítica

 

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